Los bucaneros o hermanos de la costa

“Mezclar el vino con agua es un sacrilegio”, enseñaron los bucaneros, rudos hombres europeos de mar que terminaron asentados en el Caribe.

Pero entre col y col, lechuga, sentencia el refrán popular.

“Los hermanos de la costa”, como también fueron identificados, llegaron a ser expertos en preparar el sabroso boucán o cecina. Este plato era muy codiciado por los tripulantes de las naves piratas y corsarias de paso por la zona.

Ellos tenían suficientes mercancías para pagar el exquisito plato de cerdo asado, rociado con jugo de limón, pimienta, orégano y hierbas aromáticas.

Y cansados de guerrear contra los buques españoles, para quitarles el oro y la plata arrancados antes a los indígenas americanos, probablemente morían por llegar a la paradisíaca Isla Tortuga, en Haití.

Bucaneros anfitriones

Los bucaneros, mayoría en el lugar, los esperaban con barriles enteros de vino.

Pero también con ricas postas de carne de cerdo, codornices y palomas torcaces.

Las aves eran colocadas en el vientre del chancho y asadas hasta que la piel de este quedara crujiente y dorada, lista para el festín.

Sin embargo, los bucaneros no solo se dedicaron a cazar animales salvajes para preparar esos platos.

Los bucaneros también traficaron pieles, carne salada, tabaco y algunos objetos de plata labrados.

El historiador José Luciano Franco asegura que cuando los primeros tomaron posesión de Isla Tortuga, ni Inglaterra ni Francia hicieron esfuerzos por sacarlos de allí.

La pequeña guarnición española en la ínsula, casi sin contacto con los suyos y carente de auxilio, pronto abandonó el lugar sin ofrecer resistencia a quienes llegaron para convertirlo en base de operaciones en la región.

Después comenzó la disputa entre ingleses y franceses por controlar el territorio.

Y eso llevó a la expansión de los segundos hacia las costas occidentales de La Española a inicios del siglo XVII.

La división de labores en las comunidades establecidas en estas tierras por los franceses incidió en que los cazadores fueran llamados bucaneros.

En tanto a los dedicados al corso se les denominó filibusteros, y a los labradores, habitantes.

Mientras unos acopiaban cueros de buey a montones, otros llevaban a la isla un botín considerable.

Esto los colocó en condiciones de negociar con decenas de buques que arribaron a las costas.

La fama de la bonanza económica disfrutada por los habitantes de Isla Tortuga atravesó el Atlántico.

Más aún, en la época del gobernador francés Bertrand d’Oregon.

Este fue uno de los principales instigadores de la piratería contra las colonias españolas en el Caribe.

Pero también alentó la inmigración desde Francia y ofreció créditos a los decididos a viajar a la isla.

D’Oregon trató de mantener la paz y el crecimiento poblacional a través de estrategias tales como contratar mujeres dispuestas a servir de esposas a los hombres de mar asentados en el lugar.

Con esa medida los franceses poblaron casi todo el norte de La Española.

Al mismo tiempo, crearon las habitaciones del Cul de Sac, en Santo Domingo.

Estas fabulosas moradas atrajeron a muchos al antiguo cuartel general de piratas y filibusteros en el Caribe, la Isla Tortuga.

Isla Tortuga

Esta posee menos de 40 km de longitud por 8 km de ancho y está situada cerca de La Española, donde confluyen República Dominicana y Haití.

Junto con Jamaica devino una de las más importantes guaridas de piratas, filibusteros y bucaneros en el siglo XVII.

Los arrecifes, montañas y puerto natural de su territorio la convirtieron un excelente refugio para esos lobos de mar.

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