¿Por qué no cae Maduro?, y otras respuestas de una antigua corresponsal en Caracas


Catalina Lobo Guerrero (@cloboguerrero) es una periodista independiente colombiana y es probablemente una de las que mejor comprende Venezuela. Llegó a Caracas como corresponsal de la revista Semana en2012 y se quedó tres años más como colaboradora y stringer para El País, The New York Times, The Guardian, entre otros medios internacionales. Hoy es la editora en español de la Red Global de Periodismo de Investigacion (GIJN) pero habla en esta entrevista con Nómada como periodista independiente.

—¿Quién es Nicolás Maduro? ¿Por qué llega alguien como él al poder en Venezuela?
—Vayamos a sus orígenes. Viene de una familia de militantes de izquierda, de un partido que se decía comunista; en su casa oían Radio Habana y desde muy chamo, como dicen en Venezuela, escuchaba sobre la revolución. En los 70 y 80 fue militante de la izquierda, era de unos grupos que hacían protestas, tiraban piedras, buscaban la confrontación con ciertos estamentos del poder, que eran fachada de grupos guerrilleros. Incluso viajó a Cuba a la escuela de cuadros del partido comunista. Maduro se convierte en sindicalista y conductor de una ruta de metrobús en Caracas. Pero pasaba más tiempo tratando de armar la revolución que manejando el bus. Lo que me gustaría explicar es que Maduro tiene el chip de la izquierda revolucionaria desde los 10 años.

— ¿Y por qué lo escoge Hugo Chávez como su sucesor?
— En 1992, hace casi 30 años, Chávez intentó llegar al poder en Venezuela dando un golpe de Estado y fue enviado a la cárcel por esa insurrección militar. Empieza a tener relación con gente de partidos y movimientos de izquierda. La relación con Maduro empieza cuando él lo iba a visitar a la cárcel y se convierte en su hombre de confianza. Chávez hacía un chiste con su apellido y en vez de Maduro le decía Verde. Nicolás Maduro desde ese entonces se convierte casi en su guardaespaldas. Ví un video en el que pone la espalda, el cuerpo, cuando Chávez sale de la cárcel. Desde esa época se convierte en su mano derecha. Todo lo que dijera el comandante Chávez era una orden que había que cumplir. Fue diputado, fue canciller, siempre estuvo a la sombra de Chávez. Eso porque así le gustaba a Chávez, que agachara la cabeza ante todo lo que él decía. Chávez enferma de cáncer y muere el 5 de marzo de 2013. Pero antes de morir, en una cadena nacional en radio y televisión el 8 de diciembre de 2012, está sentado junto a Maduro y dice: si algo me llega a pasar a mí, mi opinión firme e irrevocable como la luna llena es que ustedes elijan a Nicolás Maduro Moros como presidente de Venezuela. Por si no regresaba con vida de la última operación en Cuba. Y efectivamente es lo que sucede.

 

Catalina Lobo Guerrero, en una foto de archivo del Carey Institute for Global Good.

— Maduro es electo como presidente en una elección muy controversial.
— En 2013, un mes después de la muerte de Chávez, es electo en una elección con una diferencia de menos del 1%. La oposición de Henrique Capriles reclama fraude. Desde entonces sus índices de popularidad fueron disminuyendo y sabía que no iba a dar la talla como líder político.

— Por eso pierde las elecciones legislativas ante la oposición en 2015.
— Empieza a perder popularidad porque no atiende una emergencia económica en 2014 y encima ese año los precios del petróleo caen estrepitosamente. Un país que depende en un 96% de sus ingresos petroleros para sostener su economía entra en una situación muy delicada. Escasez de alimentos, de medicina. La situación tan dramática que estamos viendo ahora viene mal desde 2014. Venezuela estaba endeudada de una manera impresionante para que Chávez ganara sus últimas elecciones; le meten un chorro de plata a la Operación Vivienda. En 2014 entra en escena el opositor Leopoldo López. Llaman a protestas masivas de calle a exigir la renuncia y ese sector de la oposición –que está muy dividida– termina con él acusado y condenado, en un juicio injusto, de unas muertes violentas en esas manifestaciones. Después se demuestra que fue la misma inteligencia (bolivariana) la que disparó.

— Por eso perdió las elecciones parlamentarias de 2015.
— Eran las elecciones número 20 del proceso chavista, que es como ellos lo llaman. Pierden el control totalmente de la Asamblea. La oposición cree que puede rescatar la institucionalidad democrática. Por ejemplo, el Tribunal Electoral, el Tribunal de Justicia. Creen que va a cambiar todo. Pero el chavismo no reconoce el triunfo y convierte la Asamblea en un cascarón. El chavismo contola todo, pero especialmente las fuerzas armadas.

— La convierte en un cascarón y luego construye una asamblea de diputados ya solo de Maduro. ¿Es ahí donde termina totalmente la democracia venezolana?
— El fin de la democracia es un proceso de erosión lento que se remonta hasta 2002 o hasta 1999 cuando Chávez jura sobre una constitución que dice que va a cambiar. Pero sí, hay un punto de quiebre tras la elección de la Asamblea en 2015. Desde ahí siempre está la amenaza del Poder Judicial que impide que sean leyes las que se aprueban, encarcela opositores y que criminaliza hasta la protesta ciudadana. Desconocen la Asamblea y arman una constituyente en la que participan solo representantes del chavismo; un organismo paralelo que sustituye a la asamblea nacional legítima. La oposición no participa en esas elecciones, ni tampoco en las presidenciales de 2018.

— Empieza a acabarse con la democracia cuando se pierde la independencia judicial.
— Es un proceso. En 2002 meten como 32 nuevos jueces y se habla de la aplanadora chavista, que ya empieza a impedir cualquier caso contra el presidente o sus cercanos. O toman la Fiscalía General de la Nación (Ministerio Público). Fue absolutamente estratégico.

— Hagamos un salto desde el inicio hasta el final del proceso de erosión de la democracia y de instauración de la dictadura. Para el resto del mundo nos es difícil comprender por qué a pesar de la crisis humanitaria y la presión ciudadana y diplomática, no se cae este régimen.
— A mí me sorprende que la gente crea que tumbar un gobierno es fácil. Sobre todo un gobierno que controla todos los poderes y especialmente las fuerzas armadas. Maduro supo que no tenía la legitimidad popular de Chávez, y entonces, ¿qué hizo? Sus mayores aliados, ¿quiénes podían ser? Los militares. Si a ti se te acaban otras posibilidades, solo te queda el aparato represor. Les da los cargos estratégicos que controlan todos los poderes, incluida PDVSA (la petrolera nacional), aunque los precios se hayan desplomado y la producción petrolera haya bajado. Y los ministerios más estratégicos, transporte, alimentación. Maduro ha sido estratégico, con un juego de equilibrios en el que les dice: te doy un canal de televisión, un banco… pero en el momento en el que necesite que me defiendas, pon el cuerpo y las armas. El costo para los militares de deslindarse de Maduro, quien ya perdió casi toda su legitimidad y apoyo, es muy complicado. No hay ninguna garantía de que estos militares, que son los principales violadores de derechos humanos y que ahora están acusados de estar relacionados al crimen organizado, tengan garantía de impunidad. Los militares están hundidos. Y Maduro les ha dicho estratégicamente: si caigo yo, caes tú también, y pierdes todos los negocios paralelos que te he dejado de hacer.

— Y la amenaza de represión contra ellos.
— Para eso hay que hablar de la inteligencia cubana. Los militares hoy en día, y no desde ahora sino desde tiempos de Chávez, son las personas más vigiladas en toda Venezuela. Todas sus comunicaciones son interceptadas para ver quién es leal y quién no. ¿Por qué no se deslindan? Por un lado porque así mantienen sus negocios ilegales y su poder, y lo que han acumulado. Y por el otro lado, el control. Nadie de la oposición les puede asegurar que si el gobierno cae, no van a ser extraditados por narcotráfico a Estados Unidos. O procesados por una Corte Penal de Derechos Humanos, porque hay crímenes que no prescriben. Como lo que hicieron desde 2014 y con las protestas de 2016, 2017 o ahora. Además que tienen la ideología que eran parte de un proceso. A ellos no les conviene unirse a una oposición que tampoco luce muy fuerte y articulada. Por eso es tan difícil botar al gobierno, porque los militares están firmes junto a Maduro. Los soldados rasos están en una situación complicada, pero los altos mandos están muy cómodos, con todo el dinero y todo el poder.

—En medio de todo este enredo, ¿en dónde ves una salida? ¿La opción dura, militar, de Estados Unidos y la extrema derecha latinoamericana? ¿O la opción diplomática, liderada por México?
—Esa pregunta me la han hecho desde que fui a vivir a Venezuela desde 2012. Y había mucha respuesta de wishful thinking (voluntariosa) y como corresponsal decidí: no me atrevo nunca a vaticinar. Lo que sí creo que hay es presiones a otro nivel, por puertas traseras, que han llevado a negociaciones secretas. Lo ignoro porque no tengo fuentes ahí. No confío cuando Pompeo (el canciller estadounidense) da declaraciones y dice que el avión estaba listo para que Maduro saliera rumbo a Cuba. Puede ser una estrategia mediática. Aquí hay una historia secreta que está ocurriendo y que es muy difícil saber. Creo que sí está sucediendo, con este aumento de la presión, porque la situación de Venezuela es muy difícil para el resto de la región por la fuga de migrantes venezolanos. Sí debe haber una negociación secreta, pero no sé cómo es.

— ¿Qué dirías a la gente que pide una intervención militar?
— Me parecería lamentable decir: no pudimos, claudicamos, vengan a salvarnos. Pero la oposición tampoco me parece que tenga suficiente poder. Y el gobierno venezolano nunca ha estado dispuesto a ceder, entonces ¿qué negociación puede haber ahí? No sé si ahora cederán porque la situación es cada vez más crítica, con menos apoyo internacional aunque tengan a Rusia y a China. Pero la otra opción es que mueran con las botas puestas. Para un revolucionario, ceder puede ser claudicar. Y todavía no veo que estén en ese momento.

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Foto:
“41st Special General Assembly”by OEA – OAS is licensed under CC BY-NC-ND 2.0

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