La euforia colectiva por la derrota de Sandra Torres pasó, muchos ya pueden respirar tranquilos y enfocarse ahora en el presidente electo, Alejandro Giammattei, quien desde hoy ya no será visto como el simpático y sonriente «eterno candidato» que nunca alcanzó mayor protagonismo en el escenario político guatemalteco. A partir de ahora será analizada y diseccionada milimétricamente cada acción, palabra, mirada y mensaje.

La obligación de todos los guatemaltecos es apoyarlo. Aunque a primera vista algunos se muestran escépticos, en el fondo todos queremos y necesitamos que esto funcione. A pesar del sistema corrupto, la esperanza siempre es la misma. Esta vez podría haber una diferencia.

Alejandro Giammattei tiene en sus manos la gran oportunidad de cambiar la sórdida imagen que han tenido sus predecesores desde hace más de 30 años y hacer historia. El lugar que ocupe dependerá de las acciones y valores que decida aplicar en su administración. Solo tiene dos opciones, ser uno más de los expresidentes corruptos que hemos tenido hasta el día de hoy y salir con la cabeza agachada y por la puerta de atrás como lo hará el presidente Morales o convertirse en el hombre que haga una verdadera transformación en el país. Ser como José Mujica —considerado el presidente más humilde y honesto del mundo—, pero en versión guatemalteca. Llegar a ser recordado por su honestidad, sencillez, espontaneidad, inteligencia, innovación, austeridad, etcétera. Y así cambiar el destino de millones de guatemaltecos que viven en extrema pobreza.

El presidente electo pronunció un emotivo discurso, sus palabras generaron mucha expectativa y sentimientos de esperanza. Fue percibido como un hombre sincero, espontáneo y coherente.

Giammattei es un hombre que ha sufrido en la vida, es sencillo, sin grandes pretensiones ni ambiciones por las cosas materiales, lo que ha sido la perdición de sus antecesores. No lo imagino gastando en unos lentes Carolina Herrera Q22 mil o andando con un ejército de guaruras. Se proyecta con una verdadera voluntad política de hacer cambios significativos.

Decía el político británico Thomas Macaulay: «La prueba suprema de virtud consiste en poseer un poder ilimitado sin abusar de él». Y este será el reto para Giammattei, quien dijo: «Estuve luchando 12 años para ser presidente, no por ambición, sino por misión». Para esto debe escuchar la voz del pueblo, antes que la de los poderes fácticos que han gobernado siempre al país y han cooptado el poder. Deberá tener valentía, determinación y mucho amor por Guatemala para mandarlos literalmente al diablo y hacer lo correcto.

Su relación con la prensa es clave, porque de alguna manera es un canal de comunicación con el pueblo, debe ser cordial y educada, no debe exacerbarse, aun con preguntas incómodas, debe mantener su nivel de apertura. Es cierto que existen medios de comunicación que no tienen ética, pero debe saber cómo contestar amigablemente para no dañar su imagen. Una forma de mantener este nivel de comunicación eficaz es implementar desde el principio normas. En lugar que lo aborden en la calle, puede establecer desde ya que no contestará ninguna pregunta fuera de las ruedas de prensa, donde estará más relajado, abierto, etcétera.

El presidente de la República, no debe olvidar que es un servidor público y no un rey, como se lo han creído hasta ahora sus predecesores. Y seguro que Giammattei lo tiene bien claro, porque dijo que «quiere ser un instrumento de Dios para salvar al país». Eso es muy positivo y alentador para el pueblo de Guatemala, que necesita con urgencia un cambio de rumbo en la política de la nación.

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