El presidente electo, Alejandro Giammattei, tiene desde esta semana una hoja en blanco para escribir su transición y su Presidencia 2020-2024.

Esto a pesar de la falta de legitimidad del proceso electoral 2019 por la participación de Sandra Torres y la descalificación de Thelma Aldana y Zury Ríos; a pesar de la raquítica cantidad de votos que obtuvo Giammattei en la primera vuelta y la escasa participación en la segunda –la más baja desde la firma de la paz en 1996–. No obstante eso, Giammattei obtuvo una victoria clara y la preferencia de la mayoría de votantes para conjurar la amenaza de la fundadora de la UNE en la Presidencia.

Giammattei seguramente tendrá muchas virtudes más que ser el segundo anti-voto a Sandra Torres (Jimmy también lo fue), pero tiene también muchos defectos. Dos de ellos son el autoritarismo y la falta de experiencia en la función pública. La combinación de estos hace cuestarriba que pueda cumplir con su promesa de ser ‘el primer servidor público’, como dijo el domingo de su victoria electoral.

Tiene poca experiencia en la función pública porque solo trabajó en gerencias de la municipalidad capitalina hace 30 años y como director de Presidios durante un año hace 12.

Encuentre aquí el perfil completo de Nómada sobre Giammattei. Y el resumen de su perfil.

Cuál es la función de los periodistas

El presidente electo, los integrantes de su gobierno y muchos conciudadanos que votaron por él no tienen por qué saber cuál es el rol del periodismo en una sociedad democrática. Así que con mucho gusto les podemos explicar de qué se trata, o al menos, cómo lo comprendemos desde Nómada.

Una de las herramientas del poder es decidir qué se dice sobre el poder, cómo se cuentan sus hazañas, buenas intenciones, esfuerzos y éxitos. Y el periodismo está destinado a entrar en tensiones con el poder porque nuestro trabajo es verificar que sean verdades las que el poder afirma y hace.

George Orwell decía que periodismo es publicar las cosas que algunos quieren ocultar; el resto son relaciones públicas. O propaganda.

Nuestro trabajo, por lo tanto, es verificar la realidad de los asuntos que son de interés público. Investigarlos, comprenderlos, explicarlos. Y mostrar cuando hay contradicciones entre los actores de poder, que pueden provocar injusticias o actos que riñen con la ética.

Esto no quiere decir que seamos dueños de la verdad. Nos equivocamos y aclaramos. Y tenemos, desde Nómada, una deuda con el optimismo. Por eso en este segundo quinquenio desde que nos fundamos en 2014, invertiremos en el periodismo de soluciones, una nueva disciplina que busca aplicar el mismo rigor periodístico que usamos para comprender los problemas, a comprender las iniciativas o herramientas que resuelven problemas sociales, desde la empresarialidad, la academia, la ciencia o la sociedad.

Pero Alejandro Giammattei, el presidente electo, no nos está criticando por eso.

Por qué reportaje nos está acusando Giammattei

Nos está criticando por hacerle preguntas incómodas o publicar evidencias que le contradicen. Y no es que seamos especiales. Mis colegas de otros medios periodísticos independientes de radio, televisión y prensa escrita tienen un rosario de amenazas de demandas y gritos por parte de Giammattei en sus más de 15 años como candidato presidencial.

El presidente electo parece creer que con gritos, arengas, amenazas o agresiones físicas va a intimidarnos o callarnos y hacer que regresemos a la redacción a escribir que «es el mejor presidente que podría haber electo Guatemala». ¿En serio esperará eso?

Antes que él pasaron otro montón de autoridades o poderosos intolerantes con el periodismo. ¿Se los nombramos? Ríos Montt de presidente del Congreso, Alfonso Portillo y su rosca de militares, Óscar Berger, Álvaro Arzú, Sandra Torres, Jimmy Morales, Baldizón, y un sinfín más de menores rangos. Noten que no mencioné a Álvaro Colom ni Pérez Molina, que para mí tendrán miles de defectos (y crímenes) pero al menos eran respetuosos con la prensa y la libertad de expresión.

 

Giammattei, en un mitin en Nebaj, en junio de 2019.

Giammattei empezó a enojarse con Nómada y nuestras periodistas cuando fuimos hasta un mitin en Nebaj para pedirle una entrevista. ‘Ahí están dos periodistas de Nómada que cómo me critican’, dijo lleno de testosterona subido en la tarima frente a tres mil seguidores. No nos intimidó y se enojó cuando lo seguimos hasta su carro para hacerle preguntas. ¿Por qué tiene al hijo de Ortega Menaldo de candidato a diputado? ¿Por qué tenía a Igmar Iten? ¿Es cierto que los Mendoza le prestaron carros como candidato? ¿Por qué tiene un ministro designado para Energía que es contratista del Estado y dueño de empresas de energía?

Empezó a respondernos y nos somató la puerta del carro. Al día siguiente de la publicación hizo una conferencia para amenazar con demandarnos. En la misma conferencia volvimos a intentar hacerle preguntas y nos volvió a interrumpir a gritos. Volvimos a buscarlo en un mitin en la Ciudad de Guatemala. Y cuando una periodista iba a acercarse para hacerle preguntas, alguien de su seguridad gritó: ¡No dejen que la de Nómada se acerque! Y la jalaron del pelo para evitarlo. Una cobardía de parte de su equipo lleno de testosterona. No se preocupe, por cierto, que todo está bien documentado para evidenciar el odio que está fomentando contra el periodismo independiente.

¿Logró evitar que le sigamos haciendo preguntas o publicando evidencias de sus contradicciones? No, don Alejandro, la redacción de Nómada está llena de estrógeno acostumbrado a resistir testosteronas como la suya.

Una testosterona, por cierto, pusilánime a la hora de criticar a los que tienen poder. Sí, todos queremos ver a la corrupta de Sandra Torres tras las rejas, pero ojalá que le alcance la testosterona para enfrentarse a Jimmy, Degenhart, Bustamante y, especialmente por nuestros migrantes, a Donald Trump.

En su conferencia de prensa nos acusa de ser «especialistas de desacreditar» por cuestionarlo sobre una designación de Ministro de Energía de un empresario de energía que tiene contratos con el Estado. Dice que es mentira y que no es él quien es el dueño «sino su tatarabuelo».

 

Alejandro Giammattei designó a Alberto Pimentel como Ministro de Energía y Minas. Le preguntamos por qué, si se comprobó que tiene conflicto de interés. Esta fuera su respuesta: pic.twitter.com/QOlzY2T6WB

— nómada (@nomadagt) 13 de agosto de 2019

Para usted y nuestra comunidad de lectores: aquí están todas las evidencias. El acta en la que aparece como accionistas, los contratos con Guatecompras, las fotos del carro de la empresa para su campaña, el documento que prueba que la empresa es dueña del carro. Todo está respaldado por documentos. ¿Se dio cuenta? No le gritamos, le presentamos documentos.

 

Lea el reportaje: Un financista fantasma puede aumentar su fortuna

El señor Pimentel y su empresa perfectamente pueden financiarlo –como financiaron a Jimmy Morales– si lo declaran ante el TSE. Ya es cuestionable que lo haga siendo contratista del Estado. Pero que ahora usted lo designe como Ministro de Energía es un mayor conflicto de interés, del tamaño de una catedral.

Y no es «un intento de desprestigiarlo». Ni se trata de una empresa  «de su tatarabuelo». No mienta. Arriba están los documentos. Mejor solo diga: «Voy a poner a un financista de mi campaña a ser ministro del ramo en el que tiene empresas, y es un riesgo que quiera cobrar su inversión con dinero público, pero yo me hago responsable si llega a robar o a favorecer a su empresa o sus amigos». De hecho, el mismo Pimentel nos respondió que se compromete a no favorecer a su empresa.

No se ponga a mentir y a desprestigiarnos con su micrófono de presidente electo.

Porque al final será un efecto búmeran en su contra. El que queda como mentiroso cascarrabias es usted.

Nosotros, en cambio, vamos a seguir haciendo nuestro trabajo. Un trabajo que es agradecido y premiado por la sociedad. Como lo hicimos en 2015, en nuestro primer año, cuando aportamos nuestro grano de arena –más que usted, por cierto– para investigar al Cartel del Partido Patriota y explicar los procesos legales en su contra, o para frenar a Manuel Baldizón.

Entonces teníamos cada mes 300.000 visitas a nomada.gt; en un 85% provenientes de Guatemala. En 2018 duplicamos visitas hasta 600.000 visitas por mes. Y en 2019, vamos por 800.000 visitas mensuales en los primeros 7 meses del año.

Gracias al arduo trabajo de nuestro equipo de 20 personas y la diversificación de nuestro modelo de negocios, somos un medio cada vez más sostenible, con apoyos de inversionistas guatemaltecos y en Nueva York, fundaciones estadounidenses y europeas, con clientes desde nuestra agencia de publicidad, y con lectores y lectoras que contribuyen con membresías desde Visanet o desde Facebook. Para el mercado tenemos un valor, con productos de calidad; y para la comunidad internacional y la sociedad guatemalteca tenemos otro valor: vigilamos a los poderosos para que no cometan abusos. Y si los cometen, que no queden impunes.

Lo hacemos a prueba de intimidaciones. A pesar de campañas negras, amenazas, hackeos de mi Twitter por parte del gobierno de Jimmy, o que nos botaban la página cada vez que publicábamos una investigación. Igual nos íbamos a meter a reuniones secretas de Baldizón, denunciábamos sicarios en San Juan Sacatepéquez, publicamos cuando Jimmy estaba recetándose un sobresueldo militar con fondos públicos, y ganando más no solo que todos los presidentes latinoamericanos sino que incluso más que el del Rey de España. Publicamos cómo abogados le pagan casas a jueces, como un director de la municipalidad violaba a estudiantes y era protegidos por las autoridades de la alcaldía capitalina; cómo narcodiputados, el presidente y grandes empresarios pagaban un lobby en Washington y trasladaron la embajada guatemalteca a Jerusalén para acabar con el financiamiento a la CICIG. Y así durante los últimos 5 años. Y durante mis últimos 18 años como periodista.

Obviamente no lo hacemos con ingenuidad y tenemos acuerdos con Google, Facebook, WikiLeaks o FrontLine Defenders para protegernos digitalmente. Literalmente blindamos la oficina. Somos parte de redes internacionales. Y tenemos aliados poderosos adentro y afuera de Guatemala.

Todo esto para decirle que esto que usted está sintiendo de nuestra cobertura no es una pelea o una declaratoria de guerra. Es periodismo.

Y le tenemos noticias, señor presidente electo: Va a tener que convivir con el periodismo independiente. El nuestro y el de otros diez medios.

No tenemos nada personal en contra suyo. Ni de ningún político. Ni de nadie. Nos respalda nuestro récord de independencia respecto de todos los actores políticos –incluso quienes nos caen bien o a quienes admiramos, como la CICIG o nuestros accionistas y sus familiares–.

De hecho, salimos en defensa suya ante la campaña negra homofóbica que le hizo la UNE. Y nunca hemos mencionado que tiene usted una condición física, porque en realidad celebramos que una persona con capacidades diferentes haya llegado por la vía democrática a la jefatura de Estado.

Presidente electo Giammattei, vamos a contarle las costillas y verificar que lo que dice no sea una mentira, una exageración, una manipulación o una incitación al odio. Y eso no es para desprestigiarlo o deslegitimarlo, o no querer llevar la fiesta en paz. Es porque usted, como bien sabe, es un servidor público. Un servidor de nosotros, los ciudadanos y las ciudadanas.

Le pido que deje de gritarnos, porque va a terminar afónico. Y frustrado.

Aquí vamos a estar. Desde ahora, agosto de 2019, hasta que termine su Presidencia en enero de 2024. Para contar los aciertos que pueda tener su gobierno, y para evitar que termine de descarrilar al país como sus antecesores.

Bienvenido, don Alejandro, a la pista de baile de la democracia en Guatemala.

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