La estrategia homofóbica de Sandra Torres para ganar votos de ultra conservadores


¿Quiénes son las «personas no definidas» a las que Sandra Torres y algunos miembros de su partido se refieren en discursos públicos? Ni siquiera la candidata del partido UNE sabe justificar el uso de este calificativo con el que ha intentado burlarse de la orientación sexual de personas no heterosexuales.

El domingo 28 de julio, Sandra Torres recorrió varios municipios del departamento de Guatemala. A donde vaya la candidata siempre lleva a la mano un pedazo de papel y un lápiz con el que recoge las ideas generales de su discurso: programas sociales, atención al adulto mayor, escuelas e institutos públicos, proyectos de infraestructura, cero corrupción, eficiencia, una gestión transparente y responsable… y los ofrecimientos siguen.

Esa mañana, la primera parada de la candidata, que se disputa la Presidencia con Alejandro Giammattei, fue el municipio de Villa Nueva, uno de los más poblados de todo el departamento. A su lado iba el diputado Jairo Flores.

A Sandra Torres no le cuesta articular un discurso. Escucha al alcalde anfitrión, el recién electo Javier Gramajo, que la recibe y que conoce las principales peticiones de quienes viven en el municipio. Escucha y escribe palabras clave. Luego se sube a la tarima y habla de 20 a 25 minutos. Raras veces titubea.

El discurso de ese día incluía los mismos ofrecimientos que ha hecho en el resto de municipios del departamento y hasta en los más alejados de la zona urbana. En esa actividad —como lo ha hecho en otros mítines— Sandra Torres lanzó un comentario para provocar aplausos y carcajadas entre los asistentes.

—Tengo palabra de mujer, de verdadera mujer, no mitad hombre y mitad mujer, porque yo sí estoy definida, ¡yo sí estoy definida!. Yo sé dónde estoy, a dónde voy y qué es lo que quiero, gritó.

Minutos antes, el diputado Jairo Flores había estado en esa misma tarima y había lanzado un comentario similar:

—Necesitamos personas definidas en todo sentido. No necesitamos personas que no saben ni qué son ellos mismos, aseguró.

En esa actividad, la candidata no se atrevió a responder las preguntas de Nómada sobre el recurso de un discurso político que rechaza la diversidad sexual.

 

Sandra Torres anota siempre en un papel parte de su discurso. Esta vez, fue para atacar a la diversidad sexual. Foto: Carlos Sebastián

Sandra Torres anota siempre en un papel parte de su discurso. Esta vez, fue para atacar a la diversidad sexual. Foto: Carlos Sebastián

—En su discurso de hoy, ambos se refirieron a las «personas no definidas». ¿A qué se refieren con eso? ¿quiénes son «personas no definidas»?
(La candidata pide que sea Jairo Flores quien responda).
—Nos referimos a que uno en la vida debe ser o gallo o gallina, pero eso de ser gallo, gallina y que come pollitos es delicado para el país, se limitó a decir el diputado.
(Nómada vuelve a preguntar directamente a Sandra Torres).
—Usted dijo «soy verdadera mujer, no mitad hombre y mitad mujer, yo sí estoy definida». ¿A qué se refiere? ¿es un discurso homofóbico?.
—Sí, eso es lo que dije, lo que escuchó, eso es lo que dije, porque soy una verdadera mujer, no soy mitad hombre y mitad mujer, soy una verdadera mujer, respondió la candidata, mientras un miembro de su equipo intentaba interrumpir la conferencia.

Sin embargo, esa no fue la primera vez que la candidata habló de «personas no definidas».

Un video circula en redes sociales desde hace varias semanas y despertó preocupación y rechazo.

«Somos un proyecto que no apoyamos y jamás apoyaremos el matrimonio igualitario, jamás. De una vez para aclarar eso, aquí estamos definidos, no estamos a medias, aquí somos personas definidas. Aquí quiero en mi proyecto solo personas definidas», dice Sandra Torres en ese video.

La diputada Sandra Morán, quien es abiertamente lesbiana, criticó la manera en la que la candidata se refería a las personas no heterosexuales, a las relaciones entre personas del mismo sexo y, en general, a la comunidad LGTBIQ.

También se pronunció el diputado electo, Aldo Dávila, quien en unos meses se convertirá en el primer diputado abiertamente gay en el Congreso de la República:

—Una cosa es que no esté a favor del matrimonio igualitario, que al día de hoy jamás se ha presentado iniciativa alguna como para que esté hablando de eso y nos esté utilizando como discurso para captar votos. Bueno pues aquí les dejo el video donde nos dice indefinidos.

¿Una estrategia para ganar votos?

A la diputada Morán no le hace gracia el discurso de Sandra Torres. Un recurso que califica como «patético», especialmente, porque se trata de un intento por descalificar al candidato presidencial, Alejandro Giammattei.

En redes sociales —especialmente en facebook y whatsapp— se han publicado imágenes que ridiculizan la homosexualidad y que «advierten» que «Giammattei es gay», como si se tratara de un argumento para descalificar al candidato.

—Manejar ese tipo de discursos es básicamente un tema de campaña porque es una carta que el partido está usando en contra de Giammattei al asegurar que es gay. Efectivamente, ellos están buscando los votos de las iglesias, entonces, es un tema absolutamente electoral que lamento mucho. Ahorita sale una campaña en contra de Giammattei, están usando el tema de la identidad sexual en su contra y, como efectivamente hay gente bastante conservadora, lo usan como una forma de desprestigio y de ataque, explicó la diputada.

Más allá del tema electoral, agrega, declaraciones de este tipo despiertan preocupación porque contribuyen a alimentar el discurso de odio que persigue a las personas homosexuales y ‘trans’. Algo similar ocurrió con la cuestionada iniciativa 5272, un proyecto de ley con el que algunos diputados pretendían atraer el voto de los sectores más conservadores, aunque esto implicaría sacrificar derechos sexuales y reproductivos.

 

Torres sale de Villa Nueva con el candidato electo de ese municipio. Foto: Carlos Sebastián

Torres sale de Villa Nueva con el candidato electo, Javier Gramajo, de ese municipio. Foto: Carlos Sebastián

Un discurso que favorece la exclusión y el odio

El discurso de la candidata, quien además se ha posicionado en contra del matrimonio igualitario y otras libertades sexuales, no ha pasado desapercibido para los colectivos dedicados a defender el derecho a la diversidad sexual.

«Rechazar a las poblaciones LGBTIQ no es un plan de gobierno ni una propuesta de desarrollo», fue el pronunciamiento del movimiento Visibles.

Según manifestaron, este tipo de comentarios en figuras políticas se entiende como una forma de violencia política contra las poblaciones LGBTIQ, además de ser discursos que van en detrimento de la democracia.

—Es un acto de mala fe que los binomios que compiten por la presidencia quieran encauzar la discusión para apelar al voto rechazando a la diversidad sexual y de género y negando las luchas feministas. Estas acciones solo demuestran posturas excluyentes en su visión de país, señalaron.

A eso se suma que hay una ola de violencia motivada por el odio a la orientación sexual e identidad de género, que se ha manifestado en asesinados, mensajes homofóbicos y transfóbicos . En ese contexto, aseguran que emitir declaraciones irresponsables como parte de una estrategia para ganar votos únicamente agrava la situación de vulnerabilidad de las personas LGBTIQ.

 

Sandra Torres. Foto: Carlos Sebastián

Sandra Torres. Foto: Carlos Sebastián

Agresión, sí. Discusión política, no

Sumado al hecho de que este tipo de «estrategias políticas» refuerzan una visión antiderechos, también son vistos como un recurso peligroso e inmoral.

El semiólogo Ramiro Macdonald considera que utilizando frases como «personas no definidas», «yo sí soy verdadera mujer» y otras similares, Sandra Torres esconde un mensaje debajo de su discurso.

—Es como lanzar un mensaje con doble cara porque dice y no dice. Es un discurso manipulador pero también muy sucio porque ataca al candidato opuesto por un tema de sexualidad, que no tiene nada que ver con la discusión política, explica.

Según el semiólogo Macdonald, recurrir a discursos inmorales que se concentran en lanzar ataques personales y directos no es una idea que se le haya ocurrido a la candidata. De hecho, es una herramienta recurrente en campañas políticas y en personajes públicos.

Lo resume de esta forma:

—Los políticos usan el recurso como estrategia de bajo nivel, nada democrática, porque está atacando a la persona, no a los planes de gobierno o posturas del oponente, a una posición ideológica o un discurso. En este caso, no es sano para el país, no es sano para el escenario político y no contribuye en nada a la discusión de temas fundamentales porque lo que se hace es denigrar al oponente. En todo caso, toda persona tiene derecho a tener una sexualidad, estamos en un plano político no en un plano personal.

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“Mamá, no me siento niño”, y las familias que aceptan y apoyan a sus hijos ‘trans’


Un día de agosto 2015, Alicia envió una carta a su familia y sus amigos cercanos. Con la despedida de su hijo y dio la bienvenida oficial a su hija, Lu. En la carta, Alicia pidió que Lu fuera respetada y que todos a partir de ese momento la comenzaran a tratar con los pronombres correspondientes a una niña.

«Queremos compartir una gran noticia. Nuestro hijo nos ha compartido ya durante varios años que no se siente como niño. De hecho, hemos aprendido que la criatura que pensamos era nuestro hijo, realmente es nuestra hija. Después de una autoreflexión profunda, conversaciones en la familia y terapia, hemos llegado a entender la verdad por ella. Entonces, estamos orgullosos de anunciar que ¡tenemos un nuevo miembro en la familia! Lu, el cual es su nombre ahora, vive a tiempo completo como niña. Ella está feliz por eso y nosotros también».

Lu ya llevaba dos años en su transición, desde que celebró su cuarto cumpleaños 4 años en un vestido blanco. Feliz y por primera vez como niña.

1. Tres madres frente a un tema invisible

Una tarde de julio, el Mes del orgullo de 2019 en Guatemala, Ana Tobar, Isabel Rodas y Alicia ‘Despierta’ (apellido ficticio) se reunieron en un centro comercial de la zona 11 capitalina. Provienen de Guatemala, Chimaltenango y Sacatepéquez. Las tres son académicas de las Ciencias Sociales y como mamás comparten una característica poco común: las tres han decidido apoyar abierta y proactivamente a sus ‘hijes’ transgénero.

Entre ellas existe la confianza y el pre-entendimiento sobre qué es el tema trans, cómo lo viven sus hijos, cómo lo viven las mamás, y cómo es vivirlo desde su normalidad rodeadas por una sociedad que es diferente. Conocen también ya la hostilidad y la ignorancia con la que mucha gente aún reacciona cuando se habla de las personas transgénero.

Este es un tema invisibilizado en Guatemala. Por lo mismo, compartir sus historias les genera cierta ansiedad porque sean juzgados, malentendidos y discriminados. Hablarlo es la única manera de cambiar las ideas y prejuicios que existen sobre las familias trans, coinciden las tres.

Ana Tobar explica:

–Tenemos que confiar. Es difícil atreverse a dar la cara en este país tan complicado. Pero no puedo dejar que el miedo me paralice. No sé qué cree la gente que uno hace en su casa. Yo tengo que pagar cuentas, nos gusta Pollo Campero, vemos Netflix, tenemos perritos y gatos. Lo que hace toda la gente, lo hacemos nosotros también. Creo que si se dieran el chance de conocer la realidad, conocer las historias, se va a ver que somos gente de lo más normal.

2. El camino a la aceptación

El cumpleaños y la carta marcaron un antes y un después en la vida de Lu, su hermano y sus padres. Para Lu su cuarto cumpleaños fue el momento cuando su entorno más cercano comenzó a verla y reconocerla como una niña que ya no tenía que vivir como niño.

Siempre supo que era niña. Desde que tenía 2 años, comenzó a cuestionar por qué le decían que era niño. «¿Por qué tengo este cuerpo?», le preguntaba a cada rato a su mamá. Alicia comenzó a ponerle más atención a sus expresiones y a buscar información.

—Yo soy niña trans, dice Lu, hoy de 9 años.

La decisión de escribir la carta con la presentación de Lu y de simplemente dejarla ser, acabó con dos años de mucha confusión y de buscar explicaciones. Para Alicia implicó cambios prácticos, de colegio, luchas en su entorno social, pero todo a cambio de ver a su hija más feliz que antes.

—Fue aceptar. Ya no buscar explicaciones y cuestionar. Fue tomar el partido de mi hija. Decir, aquí está, ¿qué hacemos? Realmente, a partir de allí ella me fue guiando.

El camino a la aceptación es como una montaña rusa de buscar y descartar causas hasta que se escoge estar del lado de tu hijo, explica Ana Tobar. La aceptación implica también una transición en la familia.

Ana creció en una familia convencional de clase media en la Ciudad de Guatemala y estudiaba en un colegio de monjas. Su conocimiento sobre la diversidad sexual se limitaba a amigas lesbianas y amigos gays. Cuando comenzó a notar algo diferente en su hijo, fue que se topó con su propio conservadurismo.

—Tuve muchas epifanías. Yo no me consideraba conservadora, nunca. Pero fui criada en esta sociedad, conservadora, entonces uno tiene esto instalado. Pero yo estaba viendo estas manifestaciones con mi hija. No es un berrinche. Ya van ocho años, y no era solo una fase como me decían. Y cuando a eso le sumas todo el conocimiento de estar leyendo y hablando con otra gente, vas cambiando. Te ayuda a que tu transiciones.

Su hija, quien pidió que la llamáramos Rosa en este reportaje, tenía 3 años cuando Ana Tobar comenzó a notar señales. Hoy tiene 11 años.

Nunca le gustaban los carritos, los muñecos de superhéroes o los otros juguetes que le regalaba su familia. En el fútbol y el karate no rendía, pero en clases de ballet y hip-hop era una estrella. Todos los dibujos que hacía de figuras humanas eran siempre femeninas.

—Ella odiaba ir a la peluquería, quería tener su pelo largo. Ya tenía 5 años. Nosotros le obligábamos. Pero era un drama, hasta que una vez me tuve que subir al caballito o no sé qué era, y sostenerla. Después entendí que para ella era como que si la estuviéramos mutilando.

No era solo una fase. El malestar de Rosa crecía hasta que un día le dijo a su mamá: «se equivocaron en el cielo y me enviaron en el cuerpo que no era». Fue ahí cuando Ana Tobar abandonó «la batalla por moldearlo», dice. Aceptó que su hijo es hija.

—Es darte chance de que tu hijo demuestra la persona que es. Cómo se siente sin intentar moldearlo, ajustarlo. Quién es y cómo quiere mostrarse hacia el mundo. Su verdadero yo. Ver su felicidad con la manera de expresarse. Es un ejercicio liberador para uno de mamá también. Supone un proceso de irte desarmando como persona, flexibilizando la mente y abriendo el corazón, relata Ana Tobar.

Una persona transgénero es alguien que no se identifica con el género que se le fue asignado al nacer –una condición conocida como discordancia de género– y decide vivir y expresar el género con el que se identifica.

Una persona transexual es alguien transgénero que ha tomado la decisión de transformar su cuerpo quirúrgicamente, adicional a otras modificaciones a través del cabello o la vestimenta, para que corresponde a su identidad de género, explica la psicóloga y sexóloga Andrea Bonilla.

Isabel Rodas escucha con atención las experiencias de Ana y Alicia de acompañar a sus hijas en su transición desde pequeñas.

—A mí me hubiera costado a esa edad, dice impresionada.

Su hijo tenía 20 años cuando le anunció que ya no era mujer, y que su nuevo nombre era Eloi. Isabel recuerda que cuando era pequeño, su hijo nunca se expresó de forma tan explícita como Rosa y Lu. Fue hasta que llegó a la adolescencia que comenzó a expresar cierta incomodidad.

No le gustaba usar maquillaje ni aretes como las otras adolescentes de su edad, y no quería depilarse. Andaba muy enojado todo el tiempo, sin saber por qué.

—Mis hijos, y los de muchas amigas, estuvieron en un colegio que yo consideraba ser bastante abierto. Me sorprendió ver la cantidad de víctimas de bullying que habían allí. Tal vez hay muchachitos que muestran señales allí, y que no han podido decirlo. Como pasó con mi hijo. No sé por qué hasta los 20 años pudo decirlo. Y me quedo pensando, ¿cómo no pude identificar esa diferencia que él tenía?

Hace cuatro años Eloi se fue a Francia. Desde allá anunció a su mamá que se identificaba más como hombre, y comenzó su transición y tratamiento hormonal. Desde el principio Isabel Rodas lo quiso apoyar. Pero reconoce que una cosa es aceptar, otra es el proceso de cambiar 20 años de costumbre. Desde que nació lo había tratado como mujer, y de vez en cuando se equivocaba cuando hablaban. Algo que le causaba mucha frustración a Eloi. «¿Cuándo vas a entender que no soy mujer?», le cuestionaba a su mamá.

—Eso me llevó un tiempo, la verdad me costó mucho cambiarle la forma al idioma. Yo le decía, que mi estructura mental era esta. Le decía: «Tengo 20 años de tratarte como mujer. Entendeme vos también, sé tolerante conmigo también. Dame tiempo a que yo también viva el proceso y entienda lo que significa».

 

Eloi Rodas.

Eloi Rodas.

3. La mal diagnosticada enfermedad

El lenguaje es solamente una de las construcciones que reflejan cómo las personas percibimos y entendemos la realidad. Y en Guatemala esas categorías no se cuestionan, dice Isabel Rodas, quien es antropóloga.

—Creo que uno de los problemas principales aquí es que somos una sociedad muy dogmática. La sociedad no es capaz de ser reflexiva sobre las categorías con las que maneja la realidad. Eso tanto desde el punto de vista de lo étnico, de lo religioso, de lo ideológico. Aquí solo puede haber hombres y mujeres, todo lo del medio es porque estás en pecado o estás enfermo y por lo tanto necesitas curarte, explica Isabel Rodas.

En 2019, aún hay pastores y psicólogos religiosos que ofrecen terapias de conversión a la homosexualidad y la transexualidad. Y mamás y papás que los buscan para ‘curar’ a sus hijos e hijas.

En mayo de 2019, la Organización Mundial de Salud quitó el término ‘trastorno de identidad de género’, de la lista actualizada de trastornos mentales, después de años de categorizar erróneamente el ser transgénero o transexual como una enfermedad. Al mismo tiempo se introdujo el término descriptivo discordancia de género como parte de los temas de la salud sexual de las personas.

Fue un paso clave para eliminar la estigmatización y discriminación históricas que las personas trans viven en Guatemala y el mundo pero el efecto real aún puede ser tardado.

Ana Tobar compara el cambio con el esfuerzo que han hecho activistas que trabajan por la inclusión y los derechos de las personas con discapacidad.

—Esto no es una enfermedad, no es una anormalidad. Es una forma de desarrollo sexual distinto que fuera de estos contextos tan limitantes y represores la persona podía desarrollarse de mejor manera. En el tema de discapacidad durante la última década se ha mantenido este debate de que las condiciones no son trastornos, para romper con todas esas categorías de que son menos válidos. Sí, tienen una condición biológica, pero es una manera de funcionar distinta. La discapacidad se produce en un contexto adverso. Lo están planteando así, «no estamos enfermos, la sociedad nos está limitando». Aquí es lo mismo. Salirse de esos conceptos.

La evidencia es clara para las tres mamás; el malestar que puede generar la discordancia de género en una persona, niño o adulto, desapareció en Lu, Rosa y Eloi, cuando comenzaron a vivir su identidad de género, y no el género que les fue impuesto en base a sus genitales.

Ser trans u homosexual no es una enfermedad. Pero vivir en un entorno hostil que discrimina sí pone en riesgo su salud mental, dice la psicóloga Andrea Bonilla, graduada en sexología en Australia.

—Lo que enferma es el rechazo y el maltrato de las demás personas. Crecer en un entorno donde no hay aceptación. Aún en una casa donde hay aceptación, tienes que lidiar con el resto de la gente en una cultura como la guatemalteca, donde la fobia y la agresividad son interiorizadas, igual la misoginia y el machismo.

El rechazo tiene consecuencias graves para la población trans, explica Andrea Bonilla. Hay altos índices de suicidio. Son propensas a sufrir de depresión, ansiedad, represión de quiénes son. Tienden a aislarse y desarrollar sus actividades únicamente en ciertos lugares para evitar tener problemas. Limitan su círculo, su espacio. Pueden demostrar cierta actitud defensiva a las demás personas.

Hasta cosas cotidianas, como ir a una cita médica les puede resultar intimidante a las personas trans porque no saben qué decirle al médico, y si es una persona inclusiva o no.

En su clínica, Bonilla actualmente atiende a diez personas trans, de las cuales ocho son menores. La terapia que ofrece también apoyo a las mamás y los papás para que den acompañaiento.

La mayoría de las personas que llevan a sus hijos o hijas a su clínica sufren de la misma confusión e ignorancia que vivieron Alicia, Isabel y Ana al principio: «Algo le está pasando a mi criatura, ¿qué hago?». Hay algunos casos donde llegan furiosos y esperan que sea algo que pueda ‘quitarse’ o ‘curarse’ con terapia.

—Tienes que explicarles que no es una terapia de conversión. Que está bien ser quienes son. Y que la terapia de conversión no le quita quien es, lo que va a hacer es reprimir.

* Leé: Ser gay: Quisieron ‘curarme’ con un exorcismo y con el Hogar Seguro, por Pia Flores

Andrea Bonilla resalta la necesidad de construir redes de profesionales de la salud que son inclusivos para apoyar a las personas trans en su desarrollo. Desde psicólogos, médicos generales, psiquiatras, endocrinólogos para cuando comienzan su tratamiento hormonal, y finalmente cirujanos para hacer transición de transgénero a transexual.

4. «Prefiero una hija feliz, que un hijo muerto»

El miedo a la violencia mantiene la ansiedad en las tres mujeres. Es una meditación constante entre apoyar su desarrollo de manera incondicional y controlar cuánto exponerles.

No apoyarles en su transición y obligarles a vivir el género equivocado puede provocar depresiones y hasta llevarles al suicidio. Dejarles ser quienes son en una sociedad conservadora, implica que corran el riesgo de ser víctimas de crímenes de odio.

Hubo una época cuando le llamaban a Alicia del colegio donde estaba Lu y le decían que necesitaba ir a terapia y que no le comprara ‘tanto rosado’ a Lu. Por un tiempo Alicia les hizo caso. Pero Lu estaba muy infeliz y reaccionaba con berrinches por cualquier cosa.

—No logré reprimir a Lu tanto tiempo, fue una cosa imposible. El tema del suicidio para mí fue un motor muy grande para decidir apoyarla, porque Lu estaba infeliz. Si puedes perder a tu hijo pues entonces yo prefiero una hija feliz, que un hijo muerto, dice Alicia.

La psicóloga Andrea Bonilla explica que el miedo a que la niñez trans sufra de algún tipo de violencia, muchas veces lleva a que las mamás y los papás sean sobreprotectores y que en el intento de proteger, repriman.

—Así es como la familia puede ser el primer nicho de discriminación para la persona. Mi mamá me decía «es que me da miedo que le pase algo». En una sociedad como la guatemalteca, corren ese gran riesgo de ser sujetos de cualquier clase de violencia, dice Ana Tobar.

Les enfada la falta de protección de parte del Estado y que no exista mayor conciencia sobre la relación entre discursos de odio y crímenes de odio —que en Guatemala sigue sin figurar en el código penal— y que la gente confunde el derecho a la libre expresión por discriminar, sin pensar en las consecuencias.

—Los conservadores no se dan cuenta de que sus ideas no se quedan allí, en el tuit, o en el post que están compartiendo. Esas ideas cerradas son peligrosas si llegan a personas que sí van a tener la capacidad de venir y ejecutar una reacción, dice Ana.

–Eso es el miedo que da. Que alguien ejecute algún acto de violencia, agrega Isabel.

–Están hablando a diestra y siniestra, pero no se dan cuenta de la responsabilidad moral que tienen con este tipo de ideas que están divulgando, sigue Ana Tobar.

Muchas de las amigas de Isabel son conservadoras. No las ha enfrentado y siente que es algo que necesita hacer en algún momento, por muy pequeño que pueda ser el efecto.

—Tengo una responsabilidad en esto. Aunque sea con este mi grupito de incidencia, de unas 40 mujeres de 50 años. Quiero ir construyendo el mensaje para poder en algún momento decirles «miren, ustedes están alimentando estas ideas y lo que no quiero es que cuando mi hijo se tope con sus hijos, no le propinan una golpiza pues, solo les pido eso.»

Su voz comienza a quebrar. Eloi tal vez esté lejos ahora, pero dentro de poco su estadía en Francia se acabará y regresará por primera vez a vivir como hombre trans en Guatemala.

—No les estoy pidiendo ni que sean sus amigos. Nada. Sino que simplemente no haya actos violentos provocados por una intolerancia que lleve a la violencia.

Hace dos años Ana lloraba de la rabia, tristeza e impotencia que le generaba leer mensajes de odio en whatsapp y en redes. Hasta se ponía a responder todos. Por su propia salud mental ha decidido ya no hacerlo y llevar su lucha por los derechos trans a través del activismo. A finales de junio participó junto a otras mamás y papás activistas de toda Latinoamérica en la VII Convención de Familias por la Diversidad Sexual en Medellín, Colombia.

5. El desconocimiento sobre la posibilidad de ser trans

Gabriel Matías no deja de repetir lo agradecido que se siente con la vida. Tiene 23 años, y hace tres comenzó a vivir como hombre en concordancia con su identidad de género. No perdió ni una amistad, ni encontró rechazo de ningún miembro de su familia. Fue en este momento que realmente comenzó a vivir, cuenta con una sonrisa orgullosa.

Desde que tiene memoria se recuerda que se sentía diferente. No le gustaba tener el pelo largo y nunca se sentía cómodo con su cuerpo. En el colegio envidiaba a sus compañeros que no estaban obligados a usar uniforme con falda.

Creció con esa inconformidad sin ni siquiera saber qué era una persona trans. No sabía que vivir como hombre era una posibilidad.

A los 13 años, cuando entró en la pubertad y su cuerpo comenzó a desarrollarse, cayó en crisis incontrolable hasta los 17 años. Igual que Eloi Rodas, Gabriel estaba enojado todo el tiempo. Ni él, ni su familia entendían por qué. Cualquier cosa pequeña le hacía reaccionar con rabia.

—Comencé a hacer mucho ejercicio. Eso era como mi escape y creo que solo así evité realmente caer en depresión. Entrenaba ciertas partes de mi cuerpo, los brazos y el pecho, como para evitar que se miraban mucho las partes que se estaban desarrollando. Igual nunca me miraba como yo quería.

Se aisló. Se encerraba en su casa y en sí mismo. Comenzó a leer un montón. Un día leyó sobre la testosterona en el fisicoculturismo y los efectos secundarios que tiene en el cuerpo de las mujeres. Indagó más y más hasta que de pronto llegó a conocer sobre las personas trans.

—Todo se me iluminó. Por primera vez entendí que eso era yo. Y al segundo me dio un bajón. Entonces, ¿qué hago a partir de ahora? ¿y mi familia?

Le dio tristeza profunda. Quería decírselo a su familia pero tenía miedo de que lo iban a rechazar. Caminaba por las calles y se imaginaba dónde iba a dormir cuando lo echaban de la casa.

Tomó una decisión peligrosa. Comenzó su tratamiento hormonal sin el acompañamiento de un médico. Algo que puede causar problemas de salud muy graves si no está controlado por un endocrinólogo.

La mamá de Gabriel notaba que él estaba mal y organizó que se fuera a terapia con un psicólogo. Después de varias sesiones, Gabriel decidió contar la situación a sus papás. Fue difícil. Su miedo más grande era decepcionar a sus papás. Lloraba tanto que solo lograba preguntar «¿ustedes saben qué es una persona trans?».

Para su sorpresa, los dos ya sabían que él era hombre trans. Y lo aceptaban. Cuando Gabriel se lo contó a sus dos hermanos menores, su hermana respondió: «yo ya sabía desde años que en realidad tengo dos hermanos». Gabriel viene de una familia extensa y evangélica. Desde el día que se presentó frente a ella como hombre, cada miembro de su familia le dio la bienvenida como Gabrielito.

—Fue increíble, como si me hubieran quitado un costal de harina de mis hombros. Todo se fue encajando. Era como si hubiera cambiado de un mundo a otro.

Y en algunos aspectos sí era sí. Moviéndose en el mundo como hombre, Gabriel ha notado cómo la sociedad lo trata diferente. Ya no tiene miedo si camina solo. Si ve un grupo de hombres en la calle, ya no cruza al otro lado para evadirlos. Ahora se mueve con libertad.

—Se siente completamente el machismo guatemalteco. Es como si hubiera subido un escalón social. Hasta te tratan con más respeto.

 

Gabriel Matías.

Gabriel Matías.

6. La mochila rosada

Ana, Isabel y Alicia, como cualquier otra mamá o papá, quieren que sus hijos e hijas sean felices y que estén seguros. No fueron Lu, Rosa y Eloi que cambiaron, comenzaron a ser, sin la presión de cumplir con una expectativa social ajena. Sus mamás cambiaron su forma de pensar, se adaptaron a la realidad.

En un entorno social que no es igual de inclusivo, eso implica dar pequeñas batallas cada día sobre elementos que otros dan por sentados. Por ejemplo, comprarle una mochila rosada a tu hija.

—Cosas que para otras familias son simples, nosotras las tenemos que pensar y decidir qué es lo mejor para mantenerlas seguras, explica Ana.

—Sí, —continúa Alicia— desde qué ropa ponerle, desde qué baño usar, desde qué mochila llevar al colegio. Qué colores son los permitidos. Y a quién te abres, a quién te revelas y a quién no. Hay que dar batallas todos los días. Cada decisión en lo cotidiano, aunque ya casi es inconsciente. Ahorita por ejemplo, si estuviéramos aquí sentadas y me dice que tiene que ir al baño, ¿la dejo sola?. Ya tiene 9 años, pero mejor la acompaño.

—A veces se siente como si uno estuviera en un campo minado. No es que los estás enviando a la escuela y sabes que van a regresar bien, contándote los líos de siempre. Es como estar a la expectativa de ahora qué ha pasado. Lo de la mochila rosada llamó demasiado la atención, por los colores y toda esa diferenciación de género. Celeste para los niños, rosada para las niñas. Así, la sociedad controlando y creando ideas sobre qué es correcto, dice Ana Tobar.

Enviar la carta de apertura a su familia y amigos fue una decisión liberadora para Alicia, pero tuvo, y sigue teniendo hoy, años después, implicaciones en la vida práctica y social de la familia por la intolerancia, explica.

—Nosotros hemos perdido muchísimos amigos, desde playmates de ella, hasta amigos míos. Hemos tenido que depurar allí. Fue una situación muy liberadora, por un lado, pero también muy difícil porque nos quedamos sin el círculo social. Antes, entre amigos hacíamos mucho eso de que te cuidan a los niños un ratito, y otro día tu cuidas a los de ellos. De repente se acabó esa situación porque la gente cree que es algo contagioso.

De repente Lu y su hermano comenzaron a ser excluidos. De federaciones deportivas, grupos de amiguitos, hasta de colegios. Alicia, quien vive afuera de la Antigua Guatemala, ha tenido que buscar nuevo colegio para su hija tres veces, después de que fuera expulsada. La última vez el caso fue tan descarado que Alicia decidió demandar el colegio.

—Estaba harta. Todavía pensé «¿los demando o no los demando?». Me los expulsaron a los dos en período vacacional, con anomalías, sin seguir protocolos. Todos sabían que era por discriminación. Decidí hacerlo por algo que leí en un libro maravilloso: «defiende a tu hija o hijo, porque viendo eso va a entender que tiene valor, y un día se va a defender».

Fue cuestión de ser coherente hacia el mundo y con el apoyo hacia su hija. El libro que Alicia menciona se llama The Transgender Child (El niño transgénero), de Stephanie Brill y Rachel Pepper, y se ha convertido en una guía para Alicia en el proceso de acompañar a su hija.

El año pasado Alicia ganó la demanda contra Antigua Green School por quitarles el derecho a la educación a sus hijos. El colegio publicó una disculpa pública reconociendo el trato diferencial que ejerció con Lu y su hermano.

A las mamás no solo les tocan batallas en las instituciones afuera del hogar, también se dan con personas cercanas que aún buscan causas como si la condición de las y los trans fuera una enfermedad, o buscan «razonar» con ellas.

Por ejemplo, un familiar de Ana Tobar le echó la culpa a ella por ser feminista. «Saber qué ideas le has metido en la cabeza», le dijo.

O las acusaciones hacia Alicia de que ella hubiera cambiado a Lu, porque quería una hija.

Isabel Rodas se cuestionaba si ella era responsable porque se divorció.

—Yo decía «¿será porque yo me divorcié? Fue muy traumático el divorcio, ¿será que mi hija tomó la decisión de vengarse y ser hombre para asumir el poder que yo no pude tener frente al papá?», y cosas así.

Un amigo gay le calmó: «Nombre, si mis papás son la pareja perfecta. Se quieren, siguen juntos y son unos perfectos católicos. E igual yo soy gay».

Otro miembro de la familia de Ana una vez le dijo sobre la visibilidad de las personas trans: «Es que esta gente lo que quiere es llamar la atención», en vez de reconocer que es cuestión de garantizar que tengan los mismos derechos que todos.

Alicia tuvo que llamarle la atención a un amigo, que agarraba a Lu y le decía «te explico, tu eres hombre». Dice que ya no pierde energía en pelear para convencer a las personas a respetar a su hija.

—De verdad, prefiero estar con mi hija. Yo le doy la preferencia a ella. La gente que está con nosotros está. Son poquitos, y estamos muy bien con eso.

7. Nadar contra la corriente

Gabriel es moreno, de pelo corto y con barba diluida. Con voz fuerte cuenta su historia sin reservas. Para él, todo ha tenido resultados positivos en la combinación de un proceso de terapia hormonal y el apoyo completo de su familia.

Considera que Lu y Rosa son muy afortunadas. Él hubiera querido saber desde pequeño todo lo que sabe hoy, y que la gente a su alrededor reconociera las señales. Le hubiera encantado comenzar su transición mucho antes y vivir su adolescencia como varón.

—Creo que lo más importante es que los papás no invaliden a los niños y niñas. Hay que dejarse llevar, ellos saben. Solo hay que ponerles atención.

Cuándo y dónde comenzar el tratamiento médico es un tema complejo. Lu tiene 9 años. Desde ya tiene fobia a la pubertad y de saber que en unos años su cuerpo comenzará a desarrollar características más masculinas. Para tomar este paso Alicia planifica llevar a Lu y su hermano a Europa para vivir, para que su hija pueda recibir el mejor tratamiento posible.

Gabriel también está por tomar un paso importante para acomodar su cuerpo masculino. La emoción es evidente cuando comparte que muy pronto tendrá la posibilidad de realizarse una mastectomía doble, la operación para quitarle las mamas. Por fin se podrá liberar de usar la venda incómoda para tapar sus pechos todos los días.

Al recordar cómo era antes, los papás de Gabriel le dijeron algo que es un punto clave para las personas trans. «Cuando tu estabas antes con ese pelo largo, tratando de vestirte como niña, tratando de encajar, estabas nadando contra la corriente. Ahora estás feliz», le dijo su mamá.

—Eso era ir en contra de tu naturaleza. Esta es tu naturaleza, agregó su papá.

8. Redes de apoyo

Isabel, Ana, Alicia y Gabriel saben que muchos niños y niñas trans no encontrarán el mismo espacio seguro en su familia. En muchos casos se toparán con transfobia y represión. En otros con ignorancia y falta de comprensión.

Por eso Gabriel Matías también se involucró en el activismo para apoyar a los que no gozan del privilegio de una familia inclusiva.

—Yo quisiera que tengan lo que yo nunca tuve: información.

Existen varias organizaciones que trabajan con la población LGBTIQ y por sus derechos en Guatemala. Pero no existe una iniciativa específicamente para mamás y papás de niñas y niños trans.

Las tres mamás decidieron abrir la página Familias Por la Diversidad GT en Facebook para crear una red de apoyo para familias y aliados de la diversidad sexual y de género en Guatemala.

Habilitaron también el correo familiasporladiversidadgt@gmail.com donde otras familias con ‘hijes trans’ pueden buscar apoyo e información.

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(Video): Historia del movimiento LGBTIQ en Guatemala

Por Gerardo del Valle

Visibles es un movimiento guatemalteco que trabaja para conseguir la plena inclusión de población de la diversidad sexual y de género en la sociedad guatemalteca y que persigue posicionar la diversidad como un valor entre la población. Visibles fue fundado en 2017 y se define como «una plataforma colaborativa, optimista, propositiva y respetuosa».

El movimiento decidió producir y estrenar «Raíces» en sus redes sociales y en plataformas digitales el 16 de julio, cuatro días antes del XIX Desfile por la Diversidad Sexual y de Género, a realizarse el 20 de julio, en ciudad de Guatemala. El documental, producido y dirigido por Gerardo del Valle con el apoyo financiero de Plan Internacional, hace un recorrido histórico por los momentos claves que forjaron el movimiento por los derechos de las personas LGBTIQ en Guatemala. «El documental busca narrar la historia desde sus actores, vivencias y experiencias, y generar un primer acercamiento para la preservación de la memoria histórica del movimiento por la diversidad», explica Visibles.

Los orígenes

El audiovisual utiliza los recursos de la animación, los registros fotográficos y, ante todo, las entrevistas a algunos de los testigos y protagonistas del movimiento. Expone el contexto sociopolítico (los 80) en que las personas se empiezan a agrupar y deciden hacer públicas sus luchas.

Mario Andrade, por ejemplo, fue una de las primeras personas en atender a las víctimas de Sida en Guatemala, y desde la Asociación de Prevención y Ayuda a Enfermos de SIDA (APAES) sentó las bases para el posterior trabajo de distintas organizaciones en la atención integral y prevención del Virus de Inmudeficiencia Humana (VIH). Fue el VIH uno de los detonantes para que en buena parte del mundo la población LGBTIQ se hiciera pública buscando solidarizarse y buscar cura al virus que arrasó especialmente entre las personas de la diversidad.

El documental explica también la formación de la casa de la cultura que luego se convertiría en la Organización de Apoyo a una Sexualidad Integral frente al Sida (OASIS), hoy una de las organizaciones más reconocidas de la defensa de los derechos de las personas LGBTIQ. El documental presenta las visiones de algunos de sus miembros fundadores, como Rubén Mayorga y el fotógrafo Daniel Hernández Salazar, y la de su actual director, Jorge López Sologaistoa.

Uno de los momentos determinantes de la historia del movimiento ocurre cuando la población LGBTIQ se unió, de manera espontánea, para conmemorar el asesinato de María Conchita, una mujer trans que ejercía el trabajo sexual. Tras la misa fúnebre en su honor, una caminata en dirección al lugar de su asesinato en la quinta avenida de la zona uno, fue portada en el periódico Siglo21 y titulada como la «primera marcha gay» de Guatemala.

Diversidad dentro de la diversidad

Desde la fundación de OASIS, otra serie de colectivos y organizaciones se formaron para trabajar otras temáticas de interés a la comunidad LGBTIQ. Por ejemplo, se presenta a Claudia Acevedo quien fue creadora de espacios para que las mujeres de la diversidad pudieran plantear un proyecto político más ambicioso y transformador, a través de Mujeres Somos y luego en Lesbianas Liberadas (Lesbiradas). Aldo Dávila, recién electo diputado al Congreso de la República, también explica cómo la Asociación Gente Positiva surgió de ese núcleo de personas que trabajan por la defensa de los derechos humanos.

Debby Linares, una de las fundadoras del Colectivo de mujeres trans Reinas de la Noche, narra también el surgimiento del movimiento trans como una pelea que inicia con el pulso por sobrevivir. Y con el surgimiento de una mayor conciencia sobre los derechos que tiene la comunidad, surge también la Red Nacional de la Diversidad Sexual (REDNADS) y el Colectivo Amigos contra el Sida (CAS).

«Mis amigos eran arrestados solo por estar en una discoteca. Y lo aceptábamos, era nuestra culpa por ser quienes éramos. Definitivamente muchas cosas han cambiado», reflexiona César Galindo, director de CAS, en el documental.

Las imágenes que algunos no quieren ver

«La historia del movimiento LGBTIQ en Guatemala es rica tanto en sus actores como en sus perspectivas y miradas históricas únicas, a pesar de no estar reflejada en la historia oficial del país», reflexiona Visibles. Una investigación en el Archivo Histórico de la Policía Nacional (AHPN) demostró, por ejemplo, que la Policía Nacional (PN) criminalizó, humilló y detuvo ilegalmente a homosexuales y personas trans sólo por su apariencia física durante las tres décadas del conflicto armado interno. Y varias personas de la comunidad LGBTIQ hicieron importantes contribuciones a la vida cultural, social y política del país.

Visibles hace público este material pues considera que es necesario «preservar y escribir nuestra historia, y plasmar los relatos que ayudan a entender de dónde vienen nuestras luchas y a nuestra propia participación en el panorama actual».

Raíces:
Producción Ejecutiva: Visibles.
Dirección, producción y edición: Gerardo del Valle.
Animación: Loren Giordano.
Duración: 13.18 minutos.
Patrocinio: Plan Internacional.


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