Instagram ya es un poco más Facebook, gracias a su última novedad

Las historias de Instagram siguen redefiniendo la forma en que los usuarios interaccionan con sus followers. Recordemos que al inicio se incluyeron los formatos de texto, las citas, las menciones, y después llegaron los stickers, los filtros y los GIF.

Recientemente, Instagram incorporó las encuestas con emojis. Y ahora la red social también ofrecerá la oportunidad de compartir publicaciones de otros usuarios en tus propias historias. Una forma ideal, sin lugar a duda, de potenciar la interacción en la comunidad de instagramers.

La nueva funcionalidad de Instagram permitirá promocionar a otros usuarios, marcas y empresas en las historias. Es un método eficaz y mucho más fácil que tomar una captura de pantalla y compartirla con todas aquellas personas que desees.

Captura de pantalla.

¿Cómo añadir posts de otros usuarios en tus historias                 de Instagram?

Para compartir una publicación que veas por Instagram en tus historias, solo deberás presionar el botón con forma de avión de papel, tal como lo harías para compartir el contenido vía mensajes en Instagram Direct.

Asimismo, podrás posicionar la imagen en cualquier área de tu story, cambiar su tamaño y añadir texto sobre la misma. La función estará disponible en Android hoy mismo, y la semana que viene en iOS.

Por último, cabe destacar que únicamente podrás compartir contenidos públicos. Es decir, si una fotografía pertenece a un perfil privado, no podrás mostrarla. Cada usuario tendrá la opción de desactivar la publicación de sus fotografías en las historias de otros.

Importante: es posible que la función todavía no esté disponible en tu aplicación de Instagram. En caso de ser así, permanece atento a las actualizaciones de la App Store de iOS.

Las nuevas prestaciones que Instagram está incorporando en sus historias son absolutamente geniales. Aburrirnos no nos vamos a aburrir, vaya. Sin embargo, falta una característica que echamos mucho en falta en Instagram: la posibilidad de compartir historias con tus contactos mediante enlaces en aplicaciones de terceros. ¿Lo implementarán pronto?

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Prepárate para estos cambios de Facebook, WhatsApp e Instagram.

Las redes sociales de Mark Zuckerberg ya están actualizando sus reglas de uso para adaptarse al nuevo Reglamento General de Protección de Datos de la UE, que entrará en vigor el próximo 25 de mayo. Sin embargo, pese al cambio de ciertos aspectos, WhatsApp, Instagram y Facebook siguen ofreciendo explicaciones a medias.

El diario El Confidencial aclara los puntos más llamativos de las nuevas condiciones de las tres plataformas con la ayuda del jurista especializado en privacidad y protección de datos Samuel Parra, que llega a una conclusión tajante: “hay mucho más palabreo, pero yo me he quedado igual que antes”.

Redacción | Siglo.21

WhatsApp

El popular servicio de mensajería busca ganarse más la confianza de los usuarios con sus nuevos términos de uso, aunque ya desde el principio del texto incumple una de las normas básicas del GDPR, que exige que el texto esté traducido al idioma del usuario. Según Parra, aunque tienen hasta el 25 de mayo para hacer correcciones, “no es una buena forma de empezar”.

El primer cambio importante de los términos de WhatsApp es que especifica de una forma más clara los datos que comparte con Facebook. Aun así, la transparencia del texto es muy relativa, sostiene Parra, ya que, mientras hay puntos “detallados al milímetro”, otros (como el de las bases legales para procesar la información), están redactados con “textos que no se entienden” y tienen “enlaces falsos“.

 

En segundo lugar, WhatsApp, al igual que Facebook, ha anunciado que eleva a 16 años la edad mínima de acceso para sus usuarios, si bien no explica en ningún momento cómo asegurará el cumplimiento de la nueva norma. A juicio de Parra, se trata de un “buen ejemplo” de cómo están funcionando la mayoría de las compañías a la hora de adaptarse al GDPR: “cumplen con las formalidades que les obliga la nueva ley, pero, en realidad, los cambios son muy superficiales“. En este caso, deberían, por ejemplo, pedir el DNI para saber la edad de la persona, “pero no lo harán porque perderían miles de usuarios”, señala.

Por último, la actualización no explica cómo se usarán los datos en relación con empresas que no pertenezcan a Facebook. Además, aunque WhatsApp ha prometido que pronto podremos descargar toda la información que recopila sobre nosotros, no desvela cuándo lanzará esta función, siendo que lo haga después de que tengamos que aceptar los nuevos términos.

Redacción | Siglo.21

Instagram

En el caso de Instagram lo primero que llama la atención es el alcance de recopilación de datos por parte de la plataforma, que admite registrar hasta cómo nos desplazamos por la pantalla. Aunque justifica este almacenamiento con la necesidad de luchar contra los ‘bots’ y los fraudes, en realidad son datos muy valiosos para mejorar sus servicios, explica El Confidencial.

 

También resulta llamativo lo poco que se mencionan los Instagram Stories en los nuevos términos. Mientras tanto, fuentes jurídicas consultadas por el diario consideran que el servicio debería explicar con más detalle cómo almacenan los datos obtenidos de un apartado tan importante.

Finalmente, la actualización no da al usuario ninguna opción para gestionar los datos que cede a la plataforma. Básicamente, la elección es entre aceptar las nuevas condiciones o cerrar la cuenta.

Redacción | Siglo.21

Facebook

En cuanto al propio Facebook, el artículo resalta que, aunque sí hay opciones para administrar la cesión de datos, están al final del texto y apenas son detectables, de forma que todo parece preparado para que demos a ‘aceptar y continuar’ sin pensárnoslo dos veces.

Por otro lado, si bien podemos evitar que la plataforma utilice la información recopilada a través de terceros para personalizar los anuncios, no podemos impedir que estos datos se almacenen.

La última trampa está en el permiso para el uso de reconocimiento facial: aunque por defecto está opción está desactivada, si después de leer las explicaciones de Facebook pulsamos en el botón de continuar, se activa directamente.

En definitiva, si bien hay cambios y “algo más de claridad”, todo apunta a que la nueva ley europea no conseguirá que las redes de Zuckerberg “cambien sus fundamentos”

Con informacion de RT actualidad.rt.com

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Prepárese para estos cambios de Facebook, WhatsApp e Instagram

Las redes sociales de Mark Zuckerberg ya están actualizando sus reglas de uso para adaptarse al nuevo Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea (UE), que entrará en vigor el próximo 25 de mayo. Sin embargo, pese al cambio de ciertos aspectos, |siguen ofreciendo explicaciones a medias.

El diario El Confidencial aclara los puntos más llamativos de las nuevas condiciones de las tres plataformas con la ayuda del jurista especializado en privacidad y protección de datos Samuel Parra, que llega a una conclusión tajante: “hay mucho más palabreo, pero yo me he quedado igual que antes”.

WHATSAPP

El popular servicio de mensajería busca ganarse más la confianza de los usuarios con sus nuevos términos de uso, aunque ya desde el principio del texto incumple una de las normas básicas del GDPR, que exige que el texto esté traducido al idioma del usuario. Según Parra, aunque tienen hasta el 25 de mayo para hacer correcciones, “no es una buena forma de empezar”.

El primer cambio importante de los términos de WhatsApp es que especifica de una forma más clara los datos que comparte con Facebook. Aun así, la transparencia del texto es muy relativa, sostiene Parra, ya que, mientras hay puntos “detallados al milímetro”, otros (como el de las bases legales para procesar la información), están redactados con “textos que no se entienden” y tienen “enlaces falsos“.

En segundo lugar, WhatsApp, al igual que Facebook, ha anunciado que eleva a 16 años la edad mínima de acceso para sus usuarios, si bien no explica en ningún momento cómo asegurará el cumplimiento de la nueva norma. A juicio de Parra, se trata de un “buen ejemplo” de cómo están funcionando la mayoría de las compañías a la hora de adaptarse al GDPR: “cumplen con las formalidades que les obliga la nueva ley, pero, en realidad, los cambios son muy superficiales“. En este caso, deberían, por ejemplo, pedir el DNI para saber la edad de la persona, “pero no lo harán porque perderían miles de usuarios”, señala.

Por último, la actualización no explica cómo se usarán los datos en relación con empresas que no pertenezcan a Facebook. Además, aunque WhatsApp ha prometido que pronto podremos descargar toda la información que recopila sobre nosotros, no desvela cuándo lanzará esta función, siendo que lo haga después de que tengamos que aceptar los nuevos términos.

INSTAGRAM

En el caso de Instagram lo primero que llama la atención es el alcance de recopilación de datos por parte de la plataforma, que admite registrar hasta cómo nos desplazamos por la pantalla. Aunque justifica este almacenamiento con la necesidad de luchar contra los ‘bots’ y los fraudes, en realidad son datos muy valiosos para mejorar sus servicios, explica El Confidencial.

También resulta llamativo lo poco que se mencionan los Instagram Stories en los nuevos términos. Mientras tanto, fuentes jurídicas consultadas por el diario consideran que el servicio debería explicar con más detalle cómo almacenan los datos obtenidos de un apartado tan importante.

Finalmente, la actualización no da al usuario ninguna opción para gestionar los datos que cede a la plataforma. Básicamente, la elección es entre aceptar las nuevas condiciones o cerrar la cuenta.

FACEBOOK

En cuanto al propio Facebook, el artículo resalta que, aunque sí hay opciones para administrar la cesión de datos, están al final del texto y apenas son detectables, de forma que todo parece preparado para que demos a ‘aceptar y continuar’ sin pensárnoslo dos veces.

Por otro lado, si bien podemos evitar que la plataforma utilice la información recopilada a través de terceros para personalizar los anuncios, no podemos impedir que estos datos se almacenen.

La última trampa está en el permiso para el uso de reconocimiento facial: aunque por defecto esta opción está desactivada, si después de leer las explicaciones de Facebook pulsamos en el botón de continuar, se activa directamente.

En definitiva, si bien hay cambios y “algo más de claridad”, todo apunta a que la nueva ley europea no conseguirá que las redes de Zuckerberg “cambien sus fundamentos”

Con información de: RT

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La edad dorada de la indignación

Se cuenta que una señora felicitó a Samuel Johnson por haber tenido el detalle de no incluir palabras obscenas en su diccionario. Él, a su vez, la felicitó por haberse tomado la molestia de buscarlas.

Todos somos alguna vez la amiga del doctor Johnson. Y, frente a lo que André Breton le dijo a Luis Buñuel en un encuentro melancólico, parece que los rumores sobre la muerte del escándalo eran exagerados: muchas de las cosas que asustaban en la época del surrealismo nos parecen pueriles, pero la conversación sigue siendo una sucesión de pequeños escándalos, y algunas formas de comunicación parecen haber facilitado una edad de oro de la indignación.

Las tragedias ofrecen ocasiones para la solidaridad y la información, pero también para la frivolidad y el exhibicionismo. Los medios nos lanzamos a informar en directo, un poco a la manera de la televisión. Y, como en la televisión, lo que se hace no es tanto informar -o no solo y desde luego no todo el tiempo- sino producir un espectáculo: el espectáculo del momento, de la incertidumbre, el vértigo y la tragedia. Va muy rápido y está lleno de imprecisiones, rumores, sesgos y cacofonías. (También de inteligencia y profesionalidad, y a veces de sensacionalismo y basura.) Y se hace a la vista de un público que interactúa y discute, que apoya, pero también presiona y desinforma.

Todos sabemos que nuestros problemas en el trabajo o en la pareja son demasiado complicados como para explicarlos en unas pocas palabras: no digamos para solucionarlos. Los problemas del trabajo de los demás, en cambio, son mucho más sencillos. Los acontecimientos acaecidos en Guatemala durante los 3 últimos años han mostrado que somos una potencia mundial en deontología periodística, al menos en Twitter y Facebook, y han revelado a una cantidad asombrosa de expertos en todo. Una parte tiene que ver con que muchas conversaciones que antes eran privadas ahora son semipúblicas, donde además los medios que antes canalizaban la conversación y buena parte de las críticas ya no establecen los términos de la discusión: son una voz más y un tema de debate. También es una forma de solidarizarse con las víctimas y de satisfacer la necesidad de participar en un momento importante: es algo que mostraban las personas que escribían mensajes diciendo que no tenían nada que escribir, o pidiendo que quien no tenía nada que escribir no escribiera nada para no crear más ruido. Quizá, aunque quienes sufren de verdad son las víctimas, en un momento de conmoción la idea de quedarse en silencio resulte especialmente aterradora: te quedas solo con la catástrofe y el dolor.

Sin embargo, lo que resultaba más común era el juicio moral, la expresión de la indignación. En este caso, la indignación no se dirigía tanto hacia los crímenes sino hacia lo que se decía de ellos, y no es difícil encontrar ejemplos parecidos. Por supuesto, hay cosas indignantes, pero la irritación es lo más socorrido. Cuando no conoces (o no te interesa) el funcionamiento de las cosas, siempre puedes recurrir a la ética. Y ahí, la definición más operativa de ética es la que alguna vez ha dado Fernando Savater: ética es lo que les falta a los otros.

En inglés llaman virtue signalling a la exhibición de valores morales que te permite mejorar el concepto que los demás tienen de ti. Se hace -lo hacemos- con temas serios e intrascendentes, y casi siempre con un buen propósito. Pero también recuerda a lo que escribió Sánchez Ferlosio sobre cargarse de razón:

En la noción de “cargarse de razón” está implícitamente entendido que el que se carga de razón no es alguien que haga algo, sino alguien que permanece inmóvil mientras otro, añadiendo torpeza sobre torpeza, error sobre error, injusticia sobre injusticia o maldad sobre maldad, viene de alguna forma a convertirse en un auténtico motor que carga de razón (y cuadra la eléctrica metáfora) la batería del primero, como si acumulase un potencial moral a favor de este. Tan sorprendente representación activa del que, inmóvil, se carga de razón por obra y gracia de la acción ajena, y merced a la cualidad de sinrazón que se le supone a esta, es la imagen más viva del farisaísmo y el testimonio lingüístico fehaciente de su realidad. Quiere decir que ninguna evidencia más segura podría haber de la realidad psicológica del farisaísmo, como mecanismo moral definido por “construir la propia bondad con la maldad ajena” (confróntese Max Weber, “utilización de la moral como instrumento para tener razón”), que los inequívocos rasgos conceptuales de esta expresión tan natural -y genial- del castellano que es “cargarse de razón”. Pero, además, “cargarse de razón” conlleva, ya como mera connotación lingüística y por ende como efecto jurídico inherente, la adquisición de un derecho sobre el otro.

“A los moderados nos toca aguantar lo que nos molesta y aprender”, recuerda Alberto Penadés. La expresión de la indignación moral en ocasiones es necesaria y eficaz, y muchas veces tiene sus satisfacciones: criticar es entretenido y la sensación de ser virtuoso resulta agradable. Por desgracia, a menudo solo se queda en esto último.

Es la realidad en Guatemala.

Por una nación libre, justa y solidaria.

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Todos somos culpables

Los seres humanos tenemos por costumbre culpar a otro de nuestras desgracias. En algunos casos es así, son otras personas las responsables, pero en la gran mayoría de casos somos nosotros quienes nos buscamos nuestros propios males y si vamos más allá, somos los responsables de cómo reaccionamos ante la adversidad y los problemas.

¿Cómo pretendo que el gobierno no sea corrupto si yo me robo el cable del vecino? ¿Con que moral me voy a convertir en el paladín de la lucha anticorrupción, si apoyo y victimizo a un grupo organizado de delincuentes que se roba la electricidad en las comunidades? Un delito es un delito y no porque yo simpatizo ideológicamente con uno o con el otro, lo convierte en algo lícito.

Los etiquetamos de troles o «netcenteros», —la palabrita del momento—, si sus ideas son contrarias a las nuestras. Por el contrario, les llamamos activistas si opinan como nosotros. Y esto se da a nivel nacional e internacional.

Una mujer, inmigrante, vegana y feminista dispara contra un grupo de empleados inocentes en las oficinas de YouTube y justifican a la mujer porque tenía problemas mentales. Sus acciones son tan criminales como las del chico que disparó recientemente en una escuela en la Florida, sin embargo, los medios de comunicación y los activistas le han dado poca importancia a la noticia, como si el delito no fuese el mismo. En el primero reconocen que era una enferma mental, en el segundo culpan a la poca regulación que hay sobre las armas de fuego. Da la impresión de que hasta para ser criminal hay que estar del lado políticamente correcto. ¡A lo que hemos llegado!

Hablemos del famoso «Facebookgate», la «filtración» de datos de más de 87 millones usuarios de Facebook. Si bien Cambridge Analytics tomó la información de los usuarios de Facebook, esta no lo hizo a la fuerza sino con el consentimiento del usuario. Porque cada vez que aceptamos una aplicación, les estamos dando permiso a que tome nuestra información, y lo que es peor, la de nuestros contactos. Pero es más fácil decir que fue una conspiración para robar los datos. ¡No hay una conspiración! Simplemente, ahora se comienzan a dar cuenta los usuarios que no hay tal cosa como una red social gratuita, ya que la información de los usuarios es muy valiosa, valiosa en términos de mercadeo, y ahora también se ha convertido en una herramienta valiosa para los políticos. Pero la culpa es nuestra, por cada «me gusta», que damos, por cada aplicación que permitimos que acceda nuestra información de forma voluntaria.

Es sumamente fácil culpar a otra persona o a las circunstancias de nuestras desgracias y de nuestros errores, y se requiere de mucho valor y madurez emocional para aceptar nuestra responsabilidad. Tristemente, las corrientes políticas, religiosas e ideológicas predominantes no ayudan mucho en el tema, ya que es más fácil responsabilizar al estado o a un ser supremo por nuestra desdicha que afrontar la responsabilidad. Por lo tanto, seguimos esperando con ansias la llegada de un mesías salvador que venga a rescatarnos, en vez de tomar responsabilidad y convertirnos en agentes de cambio.

Si prestamos atención, veremos que en la mayoría de casos en vez de plantear soluciones objetivas, nos enfocamos en buscar o idolatrar al mesías salvador. Las campañas políticas y el activismo se enfocan en los individuos, no en el cambio de reglas, en las leyes y en las instituciones. Bajo mi punto de vista las cosas no van a cambiar hasta que dejemos de culparnos los unos a los otros y nos demos cuenta de que todos somos culpables.


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Facebook espía tus conversaciones en Messenger

Los chats enviados en Facebook Messenger no son privados. La empresa confirmó que usa herramientas automatizadas para analizar las conversaciones en busca de enlaces de malware e imágenes de pornografía infantil. También permite a los usuarios reportar chats que pueden violar los estándares de la comunidad.

Los moderadores de la compañía pueden revisar cualquier mensaje marcado por los usuarios o los sistemas automatizados.

Facebook siempre ha tenido claro que sus trabajadores pueden revisar las publicaciones para asegurarse de que cumplan con los estándares de su comunidad, pero muchos usuarios habían asumido que sus chats en Messenger eran privados.

Foto: AP

La red social dijo en un comunicado que mantener los mensajes privados es su prioridad, pero también defendió que las herramientas automatizadas son “muy similares a las que otras compañías de Internet usan hoy en día”.

“El contenido de los mensajes entre personas no se utiliza para la orientación de anuncios. No escuchamos tus llamadas de voz y video”, declaró un vocero de la compañía según el comunicado.

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Privacidad al descubierto

Facebook ha estado bajo un intenso escrutinio en las últimas semanas luego de que se conociera la noticia de que Cambridge Analytica, una empresa de datos vinculada a la campaña del presidente Donald Trump, podría haber tenido información sobre millones de usuarios de Facebook sin que lo supieran.

El episodio generó preguntas sobre la privacidad en la plataforma de las redes sociales y generó llamados a una nueva y estricta regulación. También provocó que las peticiones a Facebook sean más transparentes sobre cómo maneja los datos del usuario.

En las últimas semanas, Facebook ha realizado cambios en la plataforma y sus políticas respecto del acceso a los datos del usuario y la transparencia.

La política de datos de Facebook, que se actualizó el miércoles 4 de abril, establece que recopila “el contenido, las comunicaciones y otra información que usted brinda cuando (…) envía un mensaje o se comunica con los demás”.

 

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¡Cuidado! Esta es toda la información que Facebook tiene de ti

Con el escándalo en el cual se acusa a Facebook de recuperar sin autorización por medio de la empresa Cambridge Analytica (CA), los datos de millones de usuarios de la plataforma y de haberlos utilizado para apoyar la campaña presidencial de Donald Trump en 2016, se hace necesario preguntarse sobre los datos que la red social tiene de cada uno.

Los datos contienen todo tu historial en la red social, desde tu agenda telefónica hasta las IP o ubicaciones electrónicas de los dispositivos desde los cuales accedes a Facebook.

Para saber la información que tienen de tu cuenta, debes hacer los siguientes pasos:

Antes que nada debes clickear en Settings y buscar el enlace para descargar información. Acto seguido la plataforma te envía un correo con un zip enorme en donde se incluyen las fotos y videos que has subido desde siempre en Facebook.

Tiene las carpetas: html, messages, photos, videos, y un índice de contenidos index.htm que puedes abrir en cualquier navegador, y que contiene la información que has mandado a la red social a lo largo de los años. Por ejemplo, en Contacto puedes observar que existe toda tu agenda telefónica, aunque no recuerdas habérsela dado a Facebook.

En la parte de Amigos, puedes ver tu lista completa, con la fecha del  inicio de la amistad y peticiones enviadas, así como seguidores.

En Mensajes podrás ver todas las conversaciones, pero en Seguridad te podrás dar cuenta que es posible rehacer todas las localizaciones que has tenido durante años con la lista de IP’s, cookies, dispositivos y actividad de entrada y salida.

Y en Aplicaciones, se podrá ver todas las aplicaciones que instalaste en tu celular y otros dispositivos.

El bloguero español Javi Padilla recomienda desinstalar Facebook pero además Instagram y Whatsapp que son propiedad de la plataforma social; en todo caso, si Mark Zuckerberg quisiera ser presidente, refiere Padilla, la tendría muy fácil.

En mi caso particular, creo que lo más sano es desinstalar la app de Facebook del móvil… Pero es insuficiente.
Habría que desinstalar Instagram y Whatsapp, algo que me dejaría “aislado”.
Sería interesante ver qué comparten IN y WA, aunque creo que ahí será algo más complejo.

— Javi Padilla (@elpady) March 25, 2018

*Con información de lopezdoriga.com

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Los ofendidos

Si algo caracteriza la época actual son las ofensas, es muy fácil ofender. Las ofensas están siendo llevadas a tal extremo que hasta da la impresión de que a los activistas de determinadas agendas les pagan por ofenderse. Pero no son solo los activistas, es una mayoría creciente de personas sin tolerancia y sentido común que alimentan esta tendencia. En realidad, están en todo su derecho a ofenderse, pero no están en su derecho de querer cambiar a toda una sociedad, sus costumbres, su cultura, su idiosincrasia y hasta su historia, porque a ellos les ofende la sola existencia de alguien que no comparta sus ideales e ideas.

Esta semana el Museo Metropolitano de Nueva York, publicó en su perfil de Facebook una pintura de la artista Cecilia Beaux (1855–1942), la pintura se titula Ernesta (La niña con su enfermera). En la misma podemos observar a la sobrina de la artista quien para ese entonces 1894, tenía alrededor de 2 años, junto a su nana. La niña se ve de cuerpo entero, mientras que de la nana solo se observa de la cintura para abajo. La nana tiene sujeta la mano de la niña y como indica el museo en su publicación: «La mano de Mattie (el nombre de la enfermera), sirve como un símbolo universal de protección y seguridad». Lo curioso de todo esto fue que las personas no tardaron en mostrar su ofensa ante una obra que fue pintada en siglo XIX, porque la nana sale cortada. Pierden de vista el simbolismo de la mano y, sobre todo, pierden de vista lo hermosa que es la pintura y el contexto histórico en el cual la obra fue creada. ¿Quisiera saber cuántas de estas personas tienen en su foto de perfil una fotografía en donde aparecen con las personas que, sin ser sus padres, les cuidaron cuando eran niños? Las celebridades de hoy en día suben a sus redes sociales fotos de sus hijos y la gran mayoría de estos tienen niñeras, ¿les están reclamando porque no suben la fotografía de los niños con la niñera?

Esto no es la primera vez que sucede y en nuestro medio ocurre constantemente, recordarán ustedes el famoso «María Chula» y otros más recientes. Los cuales prefiero no mencionar en este espacio, para no crear más polémica.

Hay una línea divisoria, no tan fina, entre causar ofensa y libertad de expresión. Sin embargo, es difícil ejercer una sin la otra. El problema son los extremos a los cuales se está llevando. Por eso para mí las acciones deben ser siempre más importantes que las intenciones. La excusa más común es, ¡no fue mi intención! Cuando en muchos casos es evidente que sí fue la intención. Aun así, debemos enfocarnos en las acciones para evitar caer en la censura moral de las intenciones ajenas. El derecho juzga las acciones, muchas personas han tenido deseos de asesinar a alguien, sin embargo, la ley sólo persigue y juzga a quienes cometen el delito.

Por lo tanto, en vez de andar censurando a diestra y siniestra, preguntémonos si la acción corresponde a un delito, o si quizá incita a un delito y no es simplemente una persona ejerciendo su derecho a expresarse libremente. Evidentemente lo estoy simplificando, pero creo que es una buena pauta para analizar estas situaciones.

Ahora bien, cada día es más común escuchar a personas acusar a quienes piensan diferente a ellas y ha aumentado el número de denunciarlos y bloqueos de usuarios en las redes sociales, simplemente porque opinan de forma distinta, y se está saliendo de control.

Para comenzar no comprendo por qué son tan masoquistas de seguir o tan siquiera leer a quienes les desagradan. Parece ser que lo que buscan es conflicto para demostrar su superioridad moral e intelectual. Y por lo general ocurre lo opuesto, porque esos argumentos difícilmente alcanzan un buen nivel porque nacen del hígado y no dé la razón. El insulto favorito para quien piensa distinto es «trol» o «netcentero», descalificando por completo al individuo por el simple hecho de disentir. Con esto no quiero decir que no existan perfiles falsos, los hay. Pero es imposible que sean todos aquellos a quienes se les acusa diariamente. Pareciera entonces que todos somos un netcenter a los ojos de estos intolerantes.

Y esto en realidad es una forma de censura, así como censuran los libros y las obras de arte, pretenden censurar todo aquello que les incomoda y a toda persona que ejerza su derecho a expresarse libremente. En vez de respetar la diversidad que tanto aclaman buscan una homogeneidad que está acabando con la individualidad.


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El hombre mediocre y las redes sociales

El sociólogo y médico ítalo-argentino, José Ingenieros, escribió en 1913 la obra titulada, «El hombre mediocre».  El hombre mediocre para Ingenieros es aquel que, «es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente». Otra de las características del hombre mediocre es la envidia, a la cual le tenemos que sumar, la arrogancia, la ignorancia y la soberbia. ¿Les suena familiar? Estoy segura de que esa descripción les recordará al menos a un par de personas, sino más.

Últimamente he estado bastante alejada de las redes sociales, y me he enfocado en la literatura y la historia. ¿Por qué? Porque todos necesitamos tomarnos un descanso de la mediocridad, sobre todo porque en las redes sociales el hombre mediocre inventa agresiones para justificar su mediocridad, y las últimas semanas han estado plagadas de agresiones en ambos lados del espectro.

En Estados Unidos, los usuarios de redes sociales han manifestado sentimientos similares, y según lo recientemente publicado por Statista, el 59% de los usuarios podría prescindir del uso de ellas. A esto debemos sumarle la baja en la teleaudiencia que tuvieron eventos populares para los estadounidenses, como lo son los premios Globo de Oro, los Grammy y los mismos Oscar, reportando estos últimos la audiencia más baja registrada de los últimos años.

Muchos atribuyen estas bajas al aumento de los servicios de distribución digital de contenido multimedia por medio del Internet, —streaming—. Otros, lo atribuyen a la politización de estos programas. Los televidentes disfrutan de estos espectáculos para entretenerse no para escuchar hablar de política. Para mí que es una mezcla de ambos, y uno complementa al otro. Esté o no de acuerdo con sus puntos de vista, llega el momento que cualquiera se cansa de escuchar lo mismo, una y otra y otra vez. Si a eso le sumamos la facilidad de ver cualquier película o serie por medio de Netflix, o cualquier otro servicio, evidentemente la audiencia pierde el interés en estos programas que solían dominar los ratings de audiencia. Adicional a esto, creo que estos premios no han sabido evolucionar, es agotador escuchar a los ganadores agradecer hasta a su gato por el galardón obtenido.

Pero ya nos alejamos del tema principal, el hombre mediocre, aunque en realidad Hollywood está plagado de ellos, individuos sin ideas propias que solamente repiten y copian lo que otros hacen y es por ello, que ha decaído tanto la calidad de las películas en los últimos tiempos.

 

Sin ir muy lejos, en este mismo espacio comentaba recientemente sobre un individuo que copia tuits ajenos y los transcribe a Facebook como propios. Este encaja perfectamente en la definición de Ingenieros, porque el hombre mediocre no tiene ideas propias, este piensa y repite lo que otros dicen. Esto no significa según Ingenieros que no tenga «talentos», sino que nunca llega a desarrollarlos.

El hombre mediocre es el «hombre masa» del que nos habla José Ortega y Gasset en su libro, «La rebelión de las masas», que se comienza a publicar en 1929. «Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas «internacionales». Más que un hombre, es sólo un caparazón de hombre constituido por meres idola fori; carece de un «dentro», de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar. De aquí que esté siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. Tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga -sine nobilitate-, snob

No me resta más que recomendarles leer ambos libros, tanto Ingenieros como Ortega y Gasset nos muestran el mal de nuestros días, la mediocridad. Y la abundancia del hombre masa que pulula las redes sociales.


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