“Hablo por mi disidencia” o las trampas de la representación

A otras les tocó correr de los machitos envalentonados por el guaro en un restaurante, soltar unos cuantos golpes, y gritar sin que nadie hiciera nada. Otras, siento decirlo, salen de barrios y asentamientos saltando sobre cadáveres. Una, la más joven y quizás la más triste, corre esquivando los chiflidos –que son dardos emponzoñados. Corre esperanzada de alcanzar su próximo bus, recorrer su larga ruta suburbana, y poder encontrar en su destino una mirada conocida que la abrigue; una, siquiera, una que no la vea anormal.  

Quizás la mejor cualidad de los maricones es que nos notamos en cualquier lugar, también parece ser nuestra maldición, pero una asumida lejos del martirologio; una bofetada juguetona e indiscreta al sistema que nos quiere muertos. Un escándalo que siquiera nos sirva para decir que aquí nada está bien, excepto la ternura y la rabia común que compartimos. 

Me cuesta pensar en esos feudos gigantes de la oligarquía criolla donde hay tanta gente cortando café y caña. Pero no me cuesta imaginar que en los rostros adolescentes de los explotados surgen la ternura y el deseo entre iguales. Pienso en los amores, erotismos y complicidades asediadas hasta la muerte y el olvido por el terror militar en las montañas de El Quiché. Pienso en las loquitas coquetas que atraviesan la Terminal de esta ciudad gris y podrida. Pienso en su labor cotidiana, en su cansancio ácido de atlas, llevando a cuestas el pintoresco y tremendísimo mercado citadino.

Recuerdo las muchas veces que planificamos «la revolución» con amores y amantes, pienso en los muchos amores y en los muchos deseos que se entregan así, rebeldes, provocadores. Pienso en las luchas y movimientos sociales infestados de huequitos alegres y gritones que ante más grito y más pompa, más revolución. Ojalá que el espíritu revolucionario y rebelde también los guarde.

Yo ya no hablo por mi diferencia. ¡Vaya que son diferentes las diferencias! No todas son ventanas en las que quepa, ni a las que desee asomarme. Yo hablo por mi disidencia, porque disiento de un orden sexual que norma, niega y prohíbe nuestros deseos, vivencias y cuerpos. Pero la disidencia sexual no es la única y acaso no la mayor. 

Disiento de un sistema en el que el capital arrasa con la vida en todas sus formas, disiento del orden social que privilegia al poder androcéntrico, blanco y burgués. Yo no me creo el lugarcito común de que nuestro enemigo es solamente la homofobia. Yo no quiero creerme las visiones blancas y aburguesadas de mundos arcoíris que replican la desigualdad económica, las dinámicas del capital, el racismo, el clasismo y la misoginia, como fórmulas válidas para la convivencia. 

Yo no interpelo al poder ni a ninguna izquierda rancia, ni progre, ni moderada. De la derecha, ni hablar. Yo interpelo a las y los disidentes del orden sexual establecido, porque nuestro camino deberá ser contra la desigualdad. Para luchar contra las desigualdades todas, o nada; la radicalidad. Nuestro camino será no caer en las trampas de la representación que nos posicionan como diferentes pero aislados de las otras marginalidades. Como pequeñas anomalías a un sistema que no contraatacamos, y con el que coqueteamos a momentos, para buscar espacios en su centralidad hegemónica, sin atrevernos a aceptar que es el sistema en su totalidad el error. 

La trampa mayor es convertirnos en la anomalía permitida, «disidentes» de un sistema del que no disentimos.Estamos cansados de esquivar la tenta muerte que jugamos todos los días. Ese ocio fascista que macabro y existencial nos persigue y nos mata ante el clamor popular con todo descaro. Ese juego donde cae más fácil  quien menos se parezca al patrón, donde pierde primero quien menos se ajusta al molde de las buenas costumbres, la loca al final de la pirámide social. Las locas, las marginales y los anormales seguimos en las calles, en los arrabales de siempre; porque nadie nos arrebata la calle, ni la furia, ni la ternura. Respiren, locas, porque al terminar de leer, o quizás antes, empieza la tenta muerte. ¡A correr otra vez! 

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Elogio de los inusuales: Ophelia Pastrana o la transgresión de existir

Por Carmen Quintela

El vehículo se detiene a media cuadra del restaurante donde en poco más de una hora comenzará su espectáculo. Ophelia Pastrana pregunta: «¿Es aquí?» y, casi sin esperar respuesta, desdobla sus largas piernas, encogidas tras el asiento del piloto y sale del carro. Afuera, un par de jóvenes que terminaron su jornada como lustradores de zapatos, detienen su conversación y alzan la vista. En silencio, siguen a Ophelia con la mirada. Uno le da un codazo al otro.

—¿Te molesta, esto? ¿Que la gente se te quede mirando?

Ophelia sonríe, como si no se hubiera dado cuenta de la escena. «Yo me gozo mucho el tema de la altura», resume. De hecho, con esas palabras, comenzará su stand-up más tarde: «Soy altota y algunas personas se escandalizan: ¿Cómo te atreves a usar tacones? Pues… No son la cura para una persona con problemas de altura. También me preguntan cosas que me hacen dudar del sistema educacional. ‘¿Hace frío ahí arriba?’ ¿Juegas basket?’ No sé. ¿A una persona chaparrita le preguntarán si juega minigolf?»

El humor como defensa, como reivindicación, como forma de racionalizar la vida, de quitarle la parte emocional a lo malo. De reír. Así es el espectáculo de Ophelia Pastrana.

Ophelia es una mujer colombiana. Hace más de diez años vive en México. Estudió física, se graduó de econometría y desde los 24 años es empresaria. Ahora tiene 36.

En el medio (a los 28), pasó por lo que llama una segunda pubertad. Ahí fue cuando nació Ophelia. «Para los despistados —continúa su stand-up—, no tengo un problema de voz. Soy una persona trans».

Unos cinco años después de su segunda pubertad, comenzó su canal de Youtube. Su página está llena de vídeos que se salen de lo común en la plataforma, en la que hacer productos que no superen los 10 minutos es casi una norma. Ophelia se planta frente a la cámara y habla con las personas. Durante una hora, dos, tres. También tiene vídeos cortos, en los que puede contar cómo salió del clóset, hablar de su experiencia al caminar en una marcha de la familia con una bandera LGBTI o hacer la reseña de una laptop.

 

Esto le dio mucha más visibilidad. «Estoy listada por Forbes en el top 100 de mujeres más poderosas de México, que es un rarísimo logro, pensando en que soy mujer trans y colombiana. También soy una mujer BBC 100 (un listado realizado por la BBC con las mujeres más inspiradoras e influyentes)», cuenta, orgullosa, cuando la entrevistamos.

El «truco» de su éxito, dice ella, es que es feliz como mujer trans. «Para mí ser mujer es un privilegio». «Me gozo mucho mi vida como mujer trans, porque me ha liberado mucho. Me ha llevado a muchos lugares, he aprendido lo que quiero de mi vida. Cuando hablas con cualquier mujer trans, siempre hablan de este cuento de la disforia (el malestar que sienten las personas con su sexo biológico, que no corresponde a su identidad sexual). Yo tengo euforia. Yo transiciono porque me gusta ser mujer, no porque no me guste ser niño».

«Y para rematar, soy lesbiana», ríe.

Ophelia habla mucho de lo hermoso de lo raro, de lo diferente. «A muchas personas no se les enseñó a lidiar con lo diferente. Me gustaría que la gente le destine recursos mentales a gozarse con la diversidad, con la diferencia», asegura. «Vivimos en un mundo en el que puedes nacer hombre de tez caucásica afrodescendiente y morir mujer de tez morena mexicana. Misma persona. Tenemos la ciencia para eso, es muy nueva y por eso la gente se asombra. Ser trans es hacer uso de una tecnología que no existía hace diez años, que cambia quién soy ahora».

Y en esa pasión por lo diferente, Ophelia se dedica a informarse y documentarse sobre estos avances. «La ciencia que viene ahorita de lo hormonal es tan espectacular. Están desarrollando un kit para que los hombres puedan amamantar. Efecto secundario: crecen un poco las mamas, pero pueden amamantar. Los hombres trans que poseen ovarios ya se pueden embarazar. Y con los transplantes de útero, prepárate».

«Hay tanto detrás de lo que viene de la diversidad, que va a destrozar qué es ser hombre y qué ser mujer para muchas personas. Y como no se enseña al mundo cis a maravillarse por lo raro, hay gente que sufre con todo. En lugar de gozárselo, piensan: ‘Este es anormal, es raro'», explica.

Por eso, para ella es tan importante «lo transgresor que puede ser solo existir. Mi vida es eso, solo existir».

Y, claro, existir, tiene consecuencias. «Cuando me quieren insultar me dicen hombre. No los entiendo, cisheterosexuales, ¿dónde está su lógica?. Me dicen que soy antinatural. OK, vamos a hablar de tus implantes, tacones, maquillaje, extensiones, pestañas y uñas postizas y acerca de qué es natural o no. Hasta ponerse lentes puede ser antinatural. Tu biología, la que tanto respetas, decidió que ibas a ser una persona con poca capacidad visual, pero ahí estás tú modificando tu cuerpo».

La discriminación a mujeres trans viene a veces de lugares inesperados. Como de las mismas mujeres que pertenecen a algunos círculos feministas. «Cualquier espacio que diga ‘Para mujeres’ para mí no es un espacio seguro. Porque sé que siempre va a aparecer alguien que va a ver algo que le va a asustar, y va a ver en mí a un hombre», admite Pastrana.

«No estoy peleada con las mujeres de los feminismos radicales», cuenta. «Estoy peleada solo con el hecho de que piensen que yo soy una amenaza del patriarcado. Me da una lástima. Capaz y los transfeminismos atentan contra algunas esquinas de los feminismos clásicos. Y creo que sí, si lo hacen. Porque borramos la línea de definición de género. Ahora de repente cualquier persona sólo con que se identifique como mujer lo es».

A Pastrana le han dicho muchas veces que ella no puede ser feminista. Que debe definirse como «aliada». «Yo traía una pañoleta verde y a veces usarla ha sido cuestión de pelea con muchas personas. Por eso me desinscribí de los feminismos. Y sí ando por la vida, diciendo que apoyo que existan los feminismos, pero no me inscribo en ellos. Ya lo acepté. No le quita que mis actividades sean feministas, pero no quiero la medalla, porque si el que yo me cuelgue esa medalla implica que ahora vamos a tener mujeres peleándose entre ellas por si la puedo tener o no, estamos malgastando energía en donde no se debería».

Aunque no se cuelgue la medalla, Ophelia Pastrana ha estudiado las desigualdades y los roles de género, y es algo que forma parte de su show. «Se nos enseña a normar. Cuando yo te digo travesti, tú piensas en un hombre en falda. Pero es igual de travesti una mujer en pantalones. La misoginia asociada es tal, que se considera que una mujer que se pone los pantalones está empoderada, mientras que un hombre en falda es causal de despido. Que un hombre adopte lo femenino es cuestión de risa. Hay películas enteras hechas alrededor de un hombre haciendo cosas como una mujer. Un hombre haciendo de mamá. ¿Cómo queremos que los feminismos sean universalmente adaptados si se le enseñó a toda una generación de hombres que hacer cosas de mujer es causa de risa?».

 

Ella utiliza el humor, precisamente, para burlarse de estos roles. «El humor es un modo espectacular de racionalizar la vida. Por eso los activistas y los humoristas viven peleados, porque el humor apela a la razón y el activismo a los sentimientos. Un ejemplo muy de libro es que si se hunde un barco con 50 personas adentro y se salvan algunos, el activista va a aparecer en las noticias diciéndole a todo el mundo ‘sientan tristeza’ o ‘emocionémonos por los que lo lograron’. El humorista se va a sentar y va a decir: ‘Mira, qué raro, todos los que se salvaron son calvos'», sonríe.

«Me gozo mucho el stand-up que me deja comunicar un chingo de cosas, sin meterse al documental biopic triste», concluye Ophelia. «Yo me río de los roles de género en particular, porque es de idiotas, por mil y un motivos. Ir a un lugar donde la gente que va no suele pararse a hablar de la diversidad, y decir: ‘Hola, soy trans’. Y ver ojitos de venado en el público. Me fortalece mucho que la gente se oponga, porque me da mucho material. Me da mucha risa todo».

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Guatemala celebra con “orgullo” y “amor” su diversidad para vencer al odio

Guatemala celebra la diversidad para vencer al odio. (Foto Prensa Libre: Óscar Rivas)

La bandera del arcoíris del orgullo gay, seis franjas pintadas de rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta, y popularizada en 1978 por su creador Gilbert Bark, tiño las calles de la capital guatemalteca con el fin de “dar ejemplo” a una sociedad conservadora y demostrar que la lucha es compartida.

“Que todos vivimos el estigma de la discriminación de la misma manera. No importando la religión, el sexo o la raza”, dice una de las participantes por un micrófono mientras los asistentes empiezan a colocarse al son de la música. “Salimos en 10”.

En este jardín de la diversidad, en el que todos van ataviados con trajes brillantes y coloridos, con diseños originales y llamativos, la comunidad recordó uno de los momentos determinantes de la historia del movimiento LGBTIQ en Guatemala, al margen de la historia oficial.

El colectivo se unió, de manera espontánea, para conmemorar el asesinato de María Conchita, una mujer trans que intentó unir a dos poblaciones: los hombres gais y las mujeres trans.

Conchita ejercía el trabajo sexual en la quinta avenida de la zona 1 de la capital. Ahí la mataron en octubre de 1997. Su fallecimiento removió los corazones de sus compañeros: unos ahogados por el miedo de salir a protestar y otros revolucionados contra el silencio y la represión. Y este sábado, en la decimonovena edición de esta cita festiva, una imagen de su rostro recordó su lucha.

Junto a ella caminaban las imágenes de otras compañeras asesinadas y torturadas por existir. Por ser. Lesly también tiene palabras para ellas. Para las que no están y para las que aún no pueden estar: “Estamos aquí para acabar con los actos de odio hacia nosotros, nosotras y nosotres”, proclama una y otra vez mientras insiste en la necesidad de usar un lenguaje inclusivo. Para todos.

Harta de que Guatemala no separe la religión del Estado y no se legisle para una mayoría silenciada, Lesly levanta sus globos de colores y grita una y otra vez dos frases que repite como mantra: “orgullo” y “no a la discriminación”. Dos lemas que se replican en centenares de camisetas, gorras y banderas que pasean tranquilas por una ciudad que hoy luce distinta.

Así lo dice la primera diputada abiertamente lesbiana y feminista en el país, Sandra Morán, quien dejará su escaño el próximo 14 de enero. Esta mujer, que salió del armario en 1995 cuando se celebró el foro “La invisibilidad del lesbianismo también es violencia”, insiste en una conversación con EFE en la importancia de la “visibilidad” y lamenta que una parte “fundamentalista” de la sociedad los quiera “meter al closet de nuevo”.

Convencida de que ha sido “un honor” representar a la comunidad durante 4 años en el Parlamento, un reto “gigantesco” que ahora deja en manos de Aldo Dávila, un activista homosexual que ha luchado por muchos en la calle y que en enero ocupará su curul, Sandra es consciente de que la violencia hacia la población LGBTIQ “se incrementa”.

Todo por esos mensajes de “odio” que propagan algunos sectores y por los que ha decidido, tal y como avanza a EFE, volver a presentar una iniciativa de ley que busca penalizar los crímenes contra este colectivo, uno de los más vulnerables del país.

“Venga. Un abrazo”, dicen un hombre y una mujer con un cartel de “abrazos gratis” de papá y mamá.

– ¿Y esto?

– “Es por el profundo amor que sentimos hacia usted”, asegura la mujer mientras sigue regalando apretones cariñosos. Un par de jóvenes alzan sus carteles desde una de las carrozas: “Que el binarismo se extinga y que la sexualidad sea fluida, amén” y “Legalicen el matrimonio gay”.

A unos pasos Humberto López, de la organización AHF, explica a EFE que intenta promover en esta cita multitudinaria la prueba del VIH. Solo el año pasado realizaron 109 mil , con una reactividad del 1.2 por ciento, y este año llevan 26 mil, priorizando los grupos más vulnerables. Se cree que en el país, donde unos dos millones de personas pertenecen a este colectivo, hay 50 mil personas con VIH que no lo saben.

Es por ello que, a 50 años del movimiento LGBTIQ, pide hacerse la prueba, para poder tratarse y convivir, de la mejor manera posible, con este virus.

Guatemala sigue siendo un país muy conservador y patriarcal, donde el matrimonio entre personas del mismo sexo está prohibido por ley y donde el aborto está castigado con penas de cárcel. Dos temas tabúes que algunos no son capaces de aceptar y por los que, según se ha podido escuchar en este desfile, aún generan insultos.

Pero pensando en que el mundo “tiene muchos colores”, 3 mujeres trans indígenas lucen orgullosas sus trajes porque “fueron, somos y serán”. Porque no van a dar ni un paso atrás y pasean con orgullo su diversidad.

El cierre de este desfile: cinco hombres a caballo repartiendo banderas de colores y un mensaje: “Love Pride”.

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Guía para disfrutar (y sobrevivir) el desfile del amor y el orgullo


Este sábado 20 de julio, a las 14 horas, se congregará la comunidad LGBTIQ en la Plaza de la República zona 4 para celebrar el Desfile de la Diversidad Sexual e Identidad de Género que se realiza en Guatemala por 19 ocasión. Este evento no es exclusivo para la comunidad, es abierto y se aprovecha para promover el respeto.

Pero, como sabemos que los prejuicios, el odio y la discriminación no son ajenos en la sociedad, un equipo con experiencia ha dedicado su tiempo a elaborar esta guía para sobrevivir al Desfile del Orgullo. Tomá nota y preparate para promover el amor.

1. Cuidá tu cuerpa de los haters

Los haters gonna hate. Así que no caigás en provocaciones y evitá reaccionar frente a los insultos y amenazas que nunca faltan. Recordá que el desfile es una fiesta para el amor y el orgullo, así que la mejor respuesta para los haters siempre será: Not today, Satan!.

 

Seguí el protocolo frente a una situación de peligro:
* Alejate del riesgo (sin dejar tirados los tacones)
* Hacete acompañar de amigues o compañeres
* Documentá los hechos con tu celular, cuando sea posible
* Denunciá lo sucedido a las autoridades

En el recorrido habrá policías y delegados del Procurador de los Derechos Humanos que verificarán que todo esté en orden.

El único enfrentamiento aceptable será en la pista de baile y tu arma es el perreo intenso. May the best woman win!

2. Un jockstrap no es suficiente para cubrirte de la lluvia

Ese outfit espectacular y esa peluca tienen que permanecer impecables durante el desfile para que brillen en la fiesta de la noche. Así que hay que tomar en cuenta que hay 80% de probabilidad de lluvia para el 20 de julio.

Un jockstrap no es suficiente para cubrirte de la lluvia; llevá algo de abrigo, capa o sombrilla —para evitar comprar un nylon que contamina el ambiente—. Además, es ideal guardar el celular y la billetera en una bolsa impermeable.

(Para quienes no lo saben, un jockstrap es una tanga que solo cubre «el paquete» y deja expuesta las nalgas)

Si te gusta «mojarte» podés ir al desfile enseñando mucha piel, pero tenés que saber que el maquillaje y el glitter te van a abandonar con las primeras brisas de la tarde.

 

3. Quedar con amigues y vivir el orgullo

El desfile del orgullo y la diversidad es un espacio de la comunidad LGBTIQ, pero todes son bienvenides. Invitá a tu familia, amigues, compañeres de trabajo y vecines para que se conviertan en aliades de la comunidad.

La juntada es en la Plaza de la República de la zona 4 y se dirige por el Paseo de la Sexta hasta llegar a la Plaza de la Constitución, pero te podés incorporar en cualquier momento, con el grupo donde te sintás mejor. Aprovechá para conocer gente nueva.

 

La idea es pasarla bien y celebrar el orgullo, y para eso no necesitás alterar tu mente. Así que lo mejor siempre será que empezar con los gins y las cervezas a la hora de la fiesta.

Podés encontrar en facebook la lista de fiestas y eventos que está programados para esa gran noche. Y si querés calentar motores con anticipación, te dejamos esta playlist hecha con la sugerencia de la comunidad Nómada:



4. Orgullo (y solidaridad) LGBTIQ

La mejor forma de celebrar el orgullo de la diversidad es demostrando solidaridad con otres, así que dejá los prejuicios y expresiones machistas en tu casa (Sashay away!) y dedícate a disparar amor y risas.

El desfile es un espacio para que cada une se exprese, vista y disfrute como quiere y lo único que se necesita para participar es charisma, uniqueness, nerve and talent.

 

También es una gran oportunidad para entender cómo otres viven su vida y conviven en la sociedad. Una sonrisa, un halago o un contacto físico -siempre consensuado- puede elevar los ánimos entre la comunidad.

Después de todo, ya hay muchos haters en el mundo y lo que necesita la comunidad LGBTIQ es solo amor (también mucha pestaña y brillo). Can I get an amen up in here?

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(Video): Historia del movimiento LGBTIQ en Guatemala

Por Gerardo del Valle

Visibles es un movimiento guatemalteco que trabaja para conseguir la plena inclusión de población de la diversidad sexual y de género en la sociedad guatemalteca y que persigue posicionar la diversidad como un valor entre la población. Visibles fue fundado en 2017 y se define como «una plataforma colaborativa, optimista, propositiva y respetuosa».

El movimiento decidió producir y estrenar «Raíces» en sus redes sociales y en plataformas digitales el 16 de julio, cuatro días antes del XIX Desfile por la Diversidad Sexual y de Género, a realizarse el 20 de julio, en ciudad de Guatemala. El documental, producido y dirigido por Gerardo del Valle con el apoyo financiero de Plan Internacional, hace un recorrido histórico por los momentos claves que forjaron el movimiento por los derechos de las personas LGBTIQ en Guatemala. «El documental busca narrar la historia desde sus actores, vivencias y experiencias, y generar un primer acercamiento para la preservación de la memoria histórica del movimiento por la diversidad», explica Visibles.

Los orígenes

El audiovisual utiliza los recursos de la animación, los registros fotográficos y, ante todo, las entrevistas a algunos de los testigos y protagonistas del movimiento. Expone el contexto sociopolítico (los 80) en que las personas se empiezan a agrupar y deciden hacer públicas sus luchas.

Mario Andrade, por ejemplo, fue una de las primeras personas en atender a las víctimas de Sida en Guatemala, y desde la Asociación de Prevención y Ayuda a Enfermos de SIDA (APAES) sentó las bases para el posterior trabajo de distintas organizaciones en la atención integral y prevención del Virus de Inmudeficiencia Humana (VIH). Fue el VIH uno de los detonantes para que en buena parte del mundo la población LGBTIQ se hiciera pública buscando solidarizarse y buscar cura al virus que arrasó especialmente entre las personas de la diversidad.

El documental explica también la formación de la casa de la cultura que luego se convertiría en la Organización de Apoyo a una Sexualidad Integral frente al Sida (OASIS), hoy una de las organizaciones más reconocidas de la defensa de los derechos de las personas LGBTIQ. El documental presenta las visiones de algunos de sus miembros fundadores, como Rubén Mayorga y el fotógrafo Daniel Hernández Salazar, y la de su actual director, Jorge López Sologaistoa.

Uno de los momentos determinantes de la historia del movimiento ocurre cuando la población LGBTIQ se unió, de manera espontánea, para conmemorar el asesinato de María Conchita, una mujer trans que ejercía el trabajo sexual. Tras la misa fúnebre en su honor, una caminata en dirección al lugar de su asesinato en la quinta avenida de la zona uno, fue portada en el periódico Siglo21 y titulada como la «primera marcha gay» de Guatemala.

Diversidad dentro de la diversidad

Desde la fundación de OASIS, otra serie de colectivos y organizaciones se formaron para trabajar otras temáticas de interés a la comunidad LGBTIQ. Por ejemplo, se presenta a Claudia Acevedo quien fue creadora de espacios para que las mujeres de la diversidad pudieran plantear un proyecto político más ambicioso y transformador, a través de Mujeres Somos y luego en Lesbianas Liberadas (Lesbiradas). Aldo Dávila, recién electo diputado al Congreso de la República, también explica cómo la Asociación Gente Positiva surgió de ese núcleo de personas que trabajan por la defensa de los derechos humanos.

Debby Linares, una de las fundadoras del Colectivo de mujeres trans Reinas de la Noche, narra también el surgimiento del movimiento trans como una pelea que inicia con el pulso por sobrevivir. Y con el surgimiento de una mayor conciencia sobre los derechos que tiene la comunidad, surge también la Red Nacional de la Diversidad Sexual (REDNADS) y el Colectivo Amigos contra el Sida (CAS).

«Mis amigos eran arrestados solo por estar en una discoteca. Y lo aceptábamos, era nuestra culpa por ser quienes éramos. Definitivamente muchas cosas han cambiado», reflexiona César Galindo, director de CAS, en el documental.

Las imágenes que algunos no quieren ver

«La historia del movimiento LGBTIQ en Guatemala es rica tanto en sus actores como en sus perspectivas y miradas históricas únicas, a pesar de no estar reflejada en la historia oficial del país», reflexiona Visibles. Una investigación en el Archivo Histórico de la Policía Nacional (AHPN) demostró, por ejemplo, que la Policía Nacional (PN) criminalizó, humilló y detuvo ilegalmente a homosexuales y personas trans sólo por su apariencia física durante las tres décadas del conflicto armado interno. Y varias personas de la comunidad LGBTIQ hicieron importantes contribuciones a la vida cultural, social y política del país.

Visibles hace público este material pues considera que es necesario «preservar y escribir nuestra historia, y plasmar los relatos que ayudan a entender de dónde vienen nuestras luchas y a nuestra propia participación en el panorama actual».

Raíces:
Producción Ejecutiva: Visibles.
Dirección, producción y edición: Gerardo del Valle.
Animación: Loren Giordano.
Duración: 13.18 minutos.
Patrocinio: Plan Internacional.


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