Viviendo entre caníbales

Hay momentos para ser menos políticos y más humanos, de abandonar ese espiral vengativo y venenoso que lejos de ser puramente ideológico, se volvió un amargo y desgraciado negocio, así que intentaré escribir sin señalar, sin mencionar nombres de personas u organizaciones… si no lo logro, de antemano mil perdones.

En la madrugada del miércoles 4 de febrero de 1976, un terremoto sacudía Guatemala, con un recuento triste de 22,870 fallecidos, 76 mil 504 heridos y más de 1 millón de damnificados; con la célebre frase «Guatemala está herida, ¡¡pero no de muerte!!», el Presidente de la República Kjell Eugenio Laugerud

García, acompañado de una eficiente respuesta ante el desastre, le dio vida nuevamente a las esperanzas de todos los guatemaltecos.

Me pregunto si Guatemala en 1976, pese a que sufría una guerra interna contra el terrorismo marxista, ¿estaba más dividida y polarizada que ahora, 42 años más tarde? Sin dudarlo puedo afirmar que NO, muy probablemente si hubiese estado en las condiciones actuales, el país estaría hoy en día a medio reconstruir y con un desarrollo mucho menor al poco que tenemos, y esto se debe que por esos tiempos aún el nacionalismo, el civismo, el patriotismo, el tacto moral, el humano y apego a nuestra fe y creencias religiosas nos hacía unirnos dejando por un lado el lado político, aferrándonos al humano. ¿Qué tenemos ahora en medio del dolor y del caos?, donde el sufrimiento, la miseria, la pérdida de la dignidad y el respeto a la misma vida  ha quedado relegado, dándole preeminencia al «circo barato» en el que convirtieron el legítimo derecho a la erradicación del flagelo de la «corrupción», utilizando este término para descalificar al que no se ajuste a una línea trazada estratégicamente por una determinada corriente ideológica y así provocar su desgaste y destrucción moral, legal y humana, con el único fin de someterlo y que no sea un estorbo para lograr alcanzar oscuros fines; llora sangre cuando abrimos los ojos ante un desastre natural como el acontecido este fin de semana con la erupción del volcán de Fuego, donde lo único claro es la muerte, el dolor y la miseria en que quedaron miles de miles de familias damnificadas y que peso a ello lo que observamos desde las redes sociales, hasta las instituciones que integran el Estado, es la división y el interés personal o de grupos anteponiéndolas a las necesidades más elementales y humanas.

Es impensable que por cuestiones de pulsos e intereses políticos se siga administrando el país con el mismo presupuesto del 2016, cuando las condiciones económicas y necesidades del pueblo de Guatemala no permanecen estáticas y que, para mayor agravio, en los últimos años la economía ha venido en una estrepitosa caída libre, acompañadas del flagelo del desempleo que se ha incrementado por la pérdida de inversión interna y extranjera, el cáncer del crimen organizado, las extorsiones y la violencia que van de la mano. No es justificar a ningún sector, tampoco maquillar los errores de un gobierno que al final fue puesto por nuestra propia voluntad por medio del voto, pero debe ser una pesadilla el querer gobernar y tratar de dirigir una nación sabiendo que se está rodeado de asesores mediocres, pero sobre todo de una bandada de buitres esperando a que se cometa el mínimo error administrativo o, peor aún, inventarle delitos para poder así destruir un gobierno legítimo con el fin de lograr ambiciones descabelladas y tomar el control absoluto del Estado de Guatemala por ese «sector oscuro» que jamás ha podido dirigir nuestra patria, por la única y mayor razón, la mínima aceptación popular con la que cuentan; la desinformación y manipulación de la opinión pública llevada sin el menor remordimiento al hacer ver la situación política únicamente en blanco y negro, dando y suministrando el sensacionalismo y populismo  como si fuese «mendrugos de pan a la plebe».

  1. Si un magisterio nacional tiene el valor y la capacidad logística al mando de un «líder» para movilizar a miles de miles de maestros, y así obligar a que se cumplan las exigencias de su gremio… me pregunto: ¿por qué no tienen la misma motivación para organizar grupos voluntarios de apoyo y contingencia, ante desastres naturales para apoyar a la población más necesitada?
  2. Si una «organización campesina» como CODECA tiene la capacidad y los millones de quetzales para poder movilizar gente, inmovilizar y bloquear toda la red vial del país por días enteros… ¿dónde está esa misma voluntad de servicio y amor a la patria y las clases sociales más necesitadas para ¡llegar con todo!: azadones, palas, machetes, carretas, dejando a un lado sus tablas con clavos, piedras, y armas de fuego?… ¿o para eso no les alcanzan los millones que tienen destinados para logística? Dicen representar al pueblo, pero, la pregunta es: ¿Cuál es ese pueblo al que ellos representan?
  3. Desde el Congreso muchos diputados son buenos para exigir transparencia en la administración pública, pero sin duda no tienen remordimiento para ver sus cuentas bancarias administradas por terceros, exigen al Presidente de la República logros pero ellos mismos lo condicionan obligando al gobierno a ejecutar el mismo presupuesto del 2016. Hablan de la poca capacidad para afrontar una situación de emergencia y calamidad pública, cuando ellos son los culpables de que muchas vidas que se perdieron fue por la falta de recursos, sobre todo el de capacidad y respuesta aérea inmediata para localización y evacuación de víctimas, ya que algunos diputados por sesgos ideológicos, odios y venganzas no permitieron que algunos helicópteros y aviones fueran reparados y puestos en el aire hace año y medio.
  4. Muchos ciudadanos guatemaltecos, algunos tristemente llevados por la desinformación y manipulación, emiten comentarios y exigen al Presidente de la República de una manera irrespetuosa, que raya en lo vulgar, que solucione el desastre natural, haciendo comparaciones malintencionadas, y señalándolo de «incompetente» por no hacer uso de los recursos que tiene el Estado para solventar la emergencia, sin saber, o haciéndose los ingenuos, al omitir que existen candados presupuestarios que no se lo permiten, creados por los mismos personajes que los alientan a atacar la figura presidencial… eso SÍ, de seguro al día siguiente, si lo llegare a hacer, ellos mismos le iniciarían una petición del retiro de su derecho al antejuicio por la misma razón y para poder destituirlo como Presidente.

Estamos más divididos y polarizados que en la etapa del enfrentamiento armado interno. Estamos siendo manipulados, redirigidos y como animales de granja vamos directo a un matadero. La solución está en cambiar, para empezar, por nosotros mismos, en hacer ese cambio viendo nuestro país no solo en blanco y negro, sino con los colores de la objetividad, del uso de la razón y de los argumentos. El cambio está en dejar trabajar, en dejar ayudar. Ya lo dice aquél viejo dicho: «ayuda mucho quién no estorba». Termino repitiendo: Dejemos trabajar, dejemos ayudar. SI NO VAS A AYUDAR…TAMPOCO JODÁS.

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Lo mejor de nosotros, lo peor de nosotros

La tragedia que provocó la erupción del Volcán de Fuego propició que diéramos lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Comencemos por lo positivo, porque no cabe duda de que el Volcán de Fuego nos trajo mucho más que muerte y destrucción. Para comenzar nos trajo esperanza y hermandad. Esta tragedia sacó a relucir el lado más maravilloso de los de guatemaltecos, una solidaridad absoluta hacia las víctimas de esta terrible catástrofe.

Los ciudadanos nos dispusimos ayudar a nuestros hermanos, ha sido hermoso y esperanzador ver cómo se han intentado cubrir todas las necesidades de los damnificados, además de alimentos, medicamentos, artículos de limpieza y aseo personal, se ha pensado en todo, terapia y juegos lúdicos para los niños, peluqueros, psicólogos, la lista es interminable. Ya hay personas organizándose para construir viviendas para los afectados. No se puede dejar de sentir orgullo en esta patria que nos vio nacer, en su gente maravillosa. Y no podemos olvidar el trabajo heroico del ejército, de los bomberos, de la policía y demás cuerpos de socorro y de rescate que han trabajado conjuntamente por largas jornadas rescatando a los sobrevivientes, cuidando de los enfermos y buscando a los desaparecidos.

Es terrible contrastar toda esta bondad con la avaricia, la maldad, la ambición y el oportunismo que también generó esta tragedia. Es vergonzoso como muchos están aprovechándose de la desgracia ajena para cumplir sus fines y agendas políticas, ¿se puede ser más bajo, más vil, más ruan? No es posible que en pos de una tragedia nos tengamos que aguantar la lucha de egos para ver quién brilla más. Los dimes y diretes que van y vienen, la cacería de brujas buscando culpables. Con esto no quiero decir que se exima de responsabilidad a quienes se les encuentre responsables de alguna falta u omisión, pero otra cosa muy distinta es buscar protagonismo y convertir una tragedia en una excusa para dividirnos y buscar un beneficio propio.

Quiero pensar que es la primera Guatemala la que va a prevalecer, la que nos permite dar lo mejor de nosotros mismos. Por último, deseo compartir con ustedes el inicio del libro «Historia de dos ciudades» de Charles Dickens, que fue publicado por primera vez en 1859, porque sentí que sus palabras eran las más adecuadas para describir el momento que vivimos.

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.»

TEXTO PARA COLUMNISTA

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¿En quién creer?

Las declaraciones de Juan Carlos Monzón contra varios miembros de la prensa, han agudizado la crisis de confianza en las instituciones que enfrentamos en la actualidad. También contribuye a la pérdida de confianza en los medios de comunicación, particularmente los vistos como tradicionales, el exitoso cabildeo de varias de las facciones interesadas en el ejercicio del poder (que no necesariamente involucra sobornar a alguien por medio de la llamada fafa), al igual que el poco cuestionamiento al intervencionismo promovido tanto por burócratas nacionales como internacionales.

Por cierto, el testigo estrella de la CICIG es ya de por sí un personaje poco confiable que, como aquellos a los que acusa, debe pagar las consecuencias de sus acciones. Y por esa poca confiabilidad que inspira un criminal confeso como Monzón, espero que las pruebas científicas y documentales que aporten al proceso citado, al igual que a otras causas justificadas como la del Transurbano, sean suficientes para condenar sin lugar a duda a corruptos que, como Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, salta a la vista la fortuna que acumularon abusando del poder que se les delegó como gobernantes.

Ahora, ¿quiénes son los principales responsables de la crisis de confianza que crece en nuestro país? ¿Cuáles son las consecuencias esperadas de esta crisis de confianza que empeora? ¿Cuándo y qué debemos de creer a los colaboradores eficaces? ¿A los medios de comunicación? ¿A los comentaristas y/o analistas? ¿Qué hacer con los rumores? Y aún más importante, ¿cuál es la realidad de la mayoría en Guatemala? ¿La que se refleja en los medios, en las redes o en la calle? O, ¿es esa realidad una mezcla de las tres?

Precisamente, entre los principales responsables de la creciente desconfianza se encuentra el grupo de analistas mencionados, ya sea que estén a sueldo de intereses de terceros o por simple conveniencia personal, que opinan desconectados de la señalada realidad, elevando sus oraciones al Divino Estado como responsable de proveer todo lo que el pueblo demande, ya sea una necesidad o un capricho. Un Divino Estado fracasado, convertido en violador de los derechos individuales de la mayoría, fuente de desilusiones y origen de la corrupción. ¿Por qué promueven medidas que sólo facilitan la corrupción?

¿En quién creer? Primero que todo, en nosotros mismos. En fin, de cada uno de nosotros depende hacer una evaluación justa y verdadera para determinar qué es cierto y qué es falso. Segundo, podemos confiar en quien emita juicios basados en los hechos de la realidad, que contextualice los hechos que describe o analiza y aporte la evidencia que demuestre la verdad de las afirmaciones que sostiene. O sea, quien tenga los pelos de la burra en la mano para decir de qué color es. Y, por supuesto, no debemos caer en la falacia de la generalización apresurada: no todo en el mundo del periodismo está podrido. Depende de usted como lector, espectador u oyente objetivo, diferenciar el trigo de la paja y apoyar a quienes, les guste o no los resultados de su trabajo, cumplen con su misión: la búsqueda de la verdad de los hechos.

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El mar siempre en mis pensamientos

En estos días previos a la semana santa, pude tener espacio para visitar la Costa Del Sol, El Salvador, bellísima como siempre, su sol radiante, la arena que resalta mucho más la profundidad del mar. Fueron días en los cuales pude tener cara a cara el mar, que no tiene fin, no tiene límites y que a mi parecer siempre ha representado el escenario de la humanidad.

Siempre tengo buenos recuerdos de la película del Director Steven Spielberg Tiburón pero la primera entrega que fue en 1975 y que he hablado en este espacio editorial sobre dicha película cuando he hablado del buque de guerra «Indy» mundialmente conocido, en la película canta el capitán Quint «Yo me marcho de aquí bella dama española»… canción que me hace recordar buenos momentos en mis vacaciones el año pasado cuando fui a Roatán en estas fechas, acompañado de amistades europeas que conocí en la isla que entre ellos habían dos españolas con mucha experiencia en el buceo en aguas caribeñas Centroamericanas.

El atardecer y amanecer que nos ofrecen nuestras playas a diario, nos hacen recordar que las grandes embarcaciones de la historia se han dado ahí, en medio del océano: Cristóbal Colón y su descubrimiento del continente americano, la emotiva y trágica historia del Titanic, infinidad de películas de naufragios, tantas y tantas historias que se hacen película y tienen éxito.

Nuestra costa Centroamericana (Océano Pacífico y Atlántico) es una ventana hacia el desarrollo, es muy importante que no ignoremos esta realidad, poseemos una enorme riqueza que muchos países no tienen, turísticamente se puede promocionar mucho más Río Dulce y toda la zona de Izabal en Guatemala, las playas de El Salvador que en su mayoría son muy lindas, Islas de la Bahía en Honduras, en Nicaragua se tiene San Juan del Sur y Corn Island, en fin, tantas ventanas al desarrollo marítimo-portuario que poseemos como región y que puede aprovecharse.

El mar ha sido el testigo silencioso de toda la historia de la humanidad, por ahí se dice: «No podemos vivir de espaldas al mar» ¡No! Nuestra cultura puede estar arraigada a la diversión y relajación marítima, desde la perspectiva cristiana, Jesús fue a buscar a Pedro al mar, que era un pescador sencillo sin grandes virtudes intelectuales.

El océano debe ser el lugar perfecto para encontrarnos con nosotros mismos, que de ahí puedan salir anécdotas personales satisfactorias entre amistades de confianza o familiares, muchos extranjeros europeos ven las costas de la región como el lugar ideal para su retiro, es hora de que nosotros mismos valoremos la importancia que tienen.


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